Fiesta,
júbilo, compromiso. Sentimientos que se fundieron ayer en una oleada
de pueblo; pueblo que se sabe obrero-dueño de su presente y futuro.
Así, mayo llega cada día Primero para los cubanos: sin mucho
protocolo ni con peticiones de reivindicar derechos que, desde hace
más de cinco décadas, nos pertenecen.
Precisamente
Cuba toda, a un mismo paso, cerró filas ayer, Día Internacional de
los Trabajadores, en una marcha que se pintó de médico, de obrero,
de campesino... Cuba toda (representada en la Plaza de la Revolución
José Martí por los capitalinos) en una tribuna para preservar el
Socialismo... y los sueños.
Miles de batas blancas, ejemplos de la esencia humanísima de la
obra revolucionaria, abrieron el desfile. Y en ellas, además de la
enorme vocación de solidaridad, estuvo también representada la
constancia distintiva de una nación que se empeña en conservar su
soberanía.
Disímiles generaciones, pero un mismo propósito; profesiones
diversas —en un único y gran fin— se unieron para brindar su apoyo,
en declaración unánime y gigante, a una economía que se renueva y
perfecciona en su modelo.
Y en esa colorida caminata por la unidad y la victoria, más de
900 hombres y mujeres de otras geografías y banderas, luchadores de
estos tiempos, prefirieron celebrar el Día Internacional de los
Trabajadores entre los cubanos; tal vez porque aquí el Primero de
Mayo, más allá de una simple fecha o de una consigna, es expresión
viva del día a día de nuestro proletariado, que es decir nuestro
Socialismo.
Entre vítores y sonrisas, esperanzas y sueños, los versos del
Indio Naborí —escritos hace más de medio siglo, tras el gigantesco
desfile de aquel Primero de Mayo de 1961— cobraron vida otra vez en
rostros, manos, pasos... cual bitácora de una fiesta proletaria:
Qué mar, qué tremendo mar/ de fuerzas trabajadoras/ (... ) Infinito
desfilar/ de banderas y altas frentes/ desde los rayos nacientes/
del sol, a la clara luna/ ¡y la Patria en la tribuna/ viendo pasar
sus corrientes!