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Subsidios para la vivienda
Una protección para los más necesitados
RONALD SUÁREZ RIVAS
Lidia Gallardo aún no se repone de la emoción. Y es que esta
trabajadora de limpieza desde hace 22 años, del policlínico Elena
Fernández de Castro, del pinareño municipio de Los Palacios, es una
de las primeras beneficiadas con la entrega de subsidios para la
reparación de viviendas, un programa recién iniciado con el
propósito de asistir a las familias de menos recursos económicos.
Estoy
muy agradecida porque sin esta ayuda no podría terminar mi casa,
comenta María.
"Cuando me dijeron que me habían aprobado el subsidio me puse muy
nerviosa, y enseguida salí corriendo a contárselo a mi hijo",
rememora esta mujer que en agosto del 2008 perdió su hogar, tras el
paso del huracán Gustav por el occidente cubano.
Desde entonces Lidia vive junto a su esposo jubilado y su hijo,
en un cuarto de su antigua vivienda, donde apenas hay espacio para
las camas, el fogón, los utensilios de cocina y los pocos muebles
que sobrevivieron al ciclón.
Dentro de poco, sin embargo, esta realidad cambiará, gracias a un
subsidio de algo más de 69 mil pesos, con el cual la familia
emprenderá la construcción de una habitación, baño y cocina de
mampostería y placa, que luego podrá continuar ampliando por sus
propios medios.
La única
opción
Al igual que Lidia, otras 61 personas de Los Palacios han sido
beneficiadas hasta el momento con el programa. Algunas como María
Campos ya empezaron a adquirir los materiales. Otras como Ildeliza
Hernández, aguardan por los trámites de rigor para poder hacerlo.
Para el territorio, uno de los más castigados por los huracanes
Gustav y Ike hace casi cuatro años, la noticia es alentadora.
"El 84 % de nuestro fondo habitacional (10 mil 688 viviendas)
resultó afectado en alguna medida", recuerda José Ramón Cabrera,
vicepresidente del Consejo de la Administración Municipal (CAM) para
el área de las construcciones.
"Aun cuando un número importante de los casos (6 951) ya ha sido
resuelto, la situación sigue siendo compleja. Todavía tenemos más de
2 700 familias viviendo en facilidades temporales".
La cifra excede notablemente lo que mediante el esfuerzo estatal
podría hacerse en el municipio. Ello obliga a buscar alternativas
para enfrentar el problema, como la venta liberada de materiales. A
esto se suma, además, la entrega de subsidios a personas necesitadas
que, tal y como se expresa en el Lineamiento 173, reconoce la
necesidad de compensar a individuos en vez de a productos.
Con buen
paso
Tras varios meses del inicio de esta experiencia el proceso
avanza de manera ordenada. "Yo supe de él por la televisión, y me
dije: ‘voy a hacer la gestión’. Desde entonces todo se ha resuelto
rápidamente", asegura Elvira Pérez, una de las beneficiadas.
"Hasta el momento, en el Consejo de la Administración Municipal
han sido evaluadas 96 solicitudes de subsidios, y otras 139 se
encuentran pendientes de análisis", precisa José Ramón, y advierte
que a pesar de que todas las personas con bajos ingresos tienen
derecho a pedir esta ayuda económica, su entrega dependerá del
dinero asignado al territorio.
"Como resulta imposible cubrir a la totalidad de los
damnificados, la decisión es priorizar a los más necesitados",
explica el funcionario.
Es el caso de Elvira Pérez, una mujer de 64 años que convive en
una facilidad temporal con su esposo jubilado y un hijo que todavía
estudia; o de María Campos (54 años), una discapacitada que vive
sola.
Otras solicitudes, en cambio, han sido denegadas. Así ha
sucedido, por ejemplo, con núcleos donde hay varias personas sin
vínculo laboral, a pesar de encontrarse aptas para el trabajo.
Sin
prisa, pero sin pausa
Concebido para que toda la tramitación fluya con agilidad, el
proceso, sin embargo, dependerá además de la disponibilidad de los
recursos, algunos de los cuales escasean. "Hoy tenemos dificultades
con los áridos y el acero, debido a que las asignaciones de nuestro
territorio no cubren la demanda", comenta el vicepresidente del CAM.
Pero para quienes no tenían otra posibilidad, el tiempo no parece
ser una preocupación. "Estoy muy agradecida porque sin esta ayuda no
habría podido terminar de rehabilitar mi casa", coincide María
Campos, quien ya compró puertas y ventanas nuevas, y ahora aguarda
porque entren las piezas del baño para poder concluir la obra.
Muy cerca, Elvira y su esposo Ismael, ya empezaron a acondicionar
el terreno donde levantarán una célula básica, como se denomina al
proyecto de una construcción de 25 metros cuadrados, que comprende
un cuarto, baño y cocina de mampostería y placa.
"Es una solución para quienes lo perdimos todo a causa de los
huracanes y no tenemos ingresos para costearlo", señala Ismael.
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