Antes, ya había sido dominada y explotada bárbaramente por la
Real Compañía de las Indias Orientales, hasta que en 1857 se produjo
una insurrección armada —conocida como motín de la India o Rebelión
de los Cipayos— que puso fin al régimen pero no a la dominación
inglesa.
Años después entró en escena el líder Mahatma Gandhi, con sus
singulares métodos de la no-violencia, la resistencia pacífica y la
no-cooperación, y entonces los invasores europeos fueron obligados a
retirarse. Inconformes, aprovecharon las diferencias religiosas y
culturales que caracterizaban al milenario país asiático y lo
dividieron en dos estados: India y Paquistán.
Los colonos argumentaron que los indios hindúes formaban una
nacionalidad y que los que profesaban el islamismo, o indios
musulmanes, constituían otra. Paquistán, a su vez, quedó fraccionado
en dos, separado por la nueva India.
Se desencadenó entonces una ola de violencia. Los musulmanes
expulsaban a los hindúes de su territorio, y viceversa. Muchas
familias dejaron sus hogares y bienes al otro lado de la frontera, y
se agravó la ya desastrosa situación socioeconómica.
Sin embargo, hoy la realidad de India es muy distinta. Si bien
enfrenta dificultades como la insalubridad y las diferencias
sociales, es una economía emergente —miembro del grupo BRICS— con
enormes posibilidades de desarrollo y gran presencia regional e
internacional.
Desde el primer Gobierno de India independiente, encabezado por
el primer ministro Jawaharlal Nerhu, comenzaron a aplicarse planes
quinquenales. Por el camino se tropezó con varios obstáculos por la
falta de experiencia y de recursos, pero los esfuerzos siempre
estuvieron encaminados a mejorar la calidad de vida del pueblo y a
crecer industrialmente.
No puede olvidarse que en ese proceso fueron perjudiciales los
conflictos con China en 1962 y con Paquistán en 1965, pues afectaron
el cumplimiento de los planes según se preveía. Además, en 1971
Paquistán intentó erradicar el movimiento nacionalista en la parte
oriental del país por medio del genocidio, lo que involucró a India
en una nueva guerra. Por meses, millones de personas cruzaron la
frontera en busca de refugio, hasta que en diciembre surgió
Bangladesh como nación soberana.
Otro encontronazo indo-paquistaní tuvo lugar en 1998, y estuvo
cerca de convertirse en confrontación nuclear.
Desde entonces, con mucho trabajo y no menos tropiezos, India ha
avanzado con un ritmo más acelerado. Pasó de ser un país importador
de la mayor parte de los productos alimenticios a tener una reserva
importante de granos, que ronda las decenas de millones de toneladas
y le permite satisfacer un elevado por ciento de sus necesidades y
aún exportar. En el 2011 el Producto Interno Bruto creció un 8,2 %.
Unas 1 200 millones de personas viven en India y se espera que en
pocos años esta cifra supere la población de China, lo cual supone
grandes retos para el Gobierno, que ubica entre sus prioridades
garantizar alimentos a todos sus ciudadanos.
En la actualidad todas las grandes compañías del mundo poseen
sucursales en India, donde encuentran mano de obra y trabajadores
calificados por salarios más bajos que en otros mercados
capitalistas. También influye el idioma, pues si bien en el país
coexisten castas con dialectos múltiples, el inglés es de uso
general.
Además, la nación ha logrado multiplicar sus industrias y los
servicios, que son las principales fuentes de empleo. Va adelante en
ramas como las tecnologías de información, espaciales, aeronáuticas,
software y hardware, telecomunicaciones, electrónica médica, entre
otras.
Queda bastante por hacer: disminuir la pobreza, ampliar el
alcance de los programas educacionales y de salud, reducir los
índices de crecimiento poblacional, lograr una mayor participación y
peso social de la mujer, y de las castas, tribus y minorías étnicas
en desventaja; así como mantener el equilibrio medioambiental. Pero,
sin duda, hoy estamos en presencia de una India que crece a pasos
agigantados.