La política de Obama para América Latina

¿Quién cambió qué?

DALIA GONZÁLEZ DELGADO

Cuando los presidentes de América Latina escucharon la campaña presidencial de Barack Obama en el 2008, pensaron que tal vez cambiaría la política exterior de Washington hacia la región.

En el 2009, pocos meses después de ocupar el Despacho Oval, Obama trató de ilusionar a todos en la V Cumbre de las Américas, en Trinidad y Tobago. Allí, se acercó a Chávez para estrecharle la mano e hizo declaraciones sin precedentes. Afirmó que había llegado el momento de desarrollar una relación entre iguales. "A veces intentábamos imponer nuestras condiciones —dijo. Podemos estar equivocados, lo admitimos, somos humanos". Habló también de llevar la relación entre EE.UU. y Cuba "en nueva dirección".

Hoy sabemos que aquello fue puro teatro. Solo cambió el discurso, diferente al escasamente inteligente de su predecesor, George W. Bush, para expresar la misma retórica.

Estados Unidos apoyó el golpe de Estado en Honduras, continúa financiando la subversión en Venezuela, y el bloqueo contra Cuba sigue intacto. Podríamos seguir con los ejemplos.

La política de la Casa Blanca es la misma de siempre: tratar de destruir o ralentizar todos los procesos de concertación política, que, al margen de su voluntad, se desarrollan en el continente. Pero cada vez se le hace más difícil, y la VI Cumbre de las Américas fue un ejemplo.

En Cartagena, por primera vez habló más alto América Latina. Obama se fue cabizbajo. Y no por el escándalo sexual protagonizado por el Servicio Secreto norteamericano, que, por cierto, los medios han exacerbado, en un intento por ocultar la verdadera trascendencia de la Cumbre.

Luego de la reunión, influyentes diarios estadounidenses reconocieron que su país se encuentra hoy a la defensiva respecto al tema Cuba frente a América Latina.

The Washington Post señaló que "el bloqueo refleja hasta qué punto Estados Unidos se encuentra al margen del consenso político del hemisferio. Resulta contradictorio que mientras Obama prometió una nueva relación con sus vecinos del sur, hoy exhibe pocos éxitos".

Para algunos analistas el problema es que Washington ha descuidado su "patio trasero", para prestar más atención a Oriente Medio.

No obstante, Carlos Oliva Campos, catedrático de la Universidad de La Habana, comentó a Granma que "el hecho de que la región no sea prioridad de una administración determinada, no significa que la región deje de tener ese lugar permanente en la matriz global de la política exterior de Estados Unidos. Durante casi toda su historia hemos servido como laboratorio de políticas y plataforma para sus estrategias".

"Aunque Oriente Medio, Asia y Rusia bajo el liderazgo de Putin son prioridades, la política de Obama hacia América Latina y el Caribe ha sido esencialmente continuista", afirmó Oliva.

"La Cumbre de Cartagena fue muy importante, porque la región no es la misma. Ahora hay otra correlación de fuerzas, muy interesante, porque es de ‘izquierdas’, y no solo de socialismo, lo cual complica más las respuestas a Estados Unidos. Además, Washington dejó de ser el único actor definitorio externo para los mercados y el comercio de la región".

¿Podemos ser optimistas y asegurar que Estados Unidos ha perdido influencia en Latinoamérica? Joseph Tulchin, profesor en el Centro para Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Harvard, declaró a este diario vía correo electrónico que "la cuestión no es si EE.UU. ha perdido influencia. Es que algunos países en América Latina han ganado protagonismo en el mundo y no quieren seguir la relación histórica de debilidad y vulnerabilidad frente a la hegemonía de Washington".

"No pensemos que se acabó el Sistema Interamericano —opina Carlos Oliva—, pero las condiciones de negociación dejaron de ser las mismas. Cuba es parte del nuevo sistema latinoamericano y caribeño y eso no lo pueden seguir obviando".

Para Mark Weisbrot, codirector del Centro de Investigación en Economía y Política (CEPR) en Washington D.C., "América Latina es ahora más independiente de Estados Unidos de lo que lo es Europa, y su independencia sigue creciendo. Hay razones estructurales para estos cambios, entre ellas el fracaso del neoliberalismo. Tal vez lo más importante es que la gente de la región ha votado a favor de los gobiernos de izquierda porque ya pueden. En el pasado, Estados Unidos no permitía la toma pacífica de esas decisiones".

Está claro que la administración Obama no ha cambiado la proyección de Washington hacia América Latina. Pero la sinfonía política al sur del Río Bravo es otra, más armónica, y la Casa Blanca tendrá que aceptarlo y adaptarse.

 

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