Pedro de Oraá o la dialéctica de las formas

VIRGINIA ALBERDI BENÍTEZ

Tras ocho décadas de vida, Pedro de Oraá cuenta con suficientes arrestos como para plantearse nuevos problemas en la realización artística y proponer soluciones visuales audaces.

Quienes recorran su actual exposición en la galería Orígenes (Prado, entre San José y San Rafael, La Habana), Contrarios complementarios, compuesta por una treintena de acrílicos y tintas, en las que alterna el blanco y negro con el color, advertirá cómo el artista se adentra en las complejidades del tratamiento del primer plano y el fondo, a partir de composiciones regidas por los principios de la geometría.

Una primera y rápida lectura nos hace pensar en una mera especulación formal, inscrita en la órbita de la experimentación vanguardista de Piet Mondrian y Frantisek Kupka, y de algún contacto tangencial con Víctor Vassarely.

Pero una observación más atenta de las piezas de Pedro de Oraá, realizadas en su totalidad durante los dos últimos años, nos lleva a la comprensión de una vuelta de tuerca en la abstracción geométrica: el artista pretende que el receptor se instale en un ángulo perceptivo que le permita establecer un intercambio dialéctico entre los diversos planos de la composición.

No se trata de una simple ecuación preceptiva, sino de explorar y aprender a apreciar la relatividad de las formas.

Es así como De Oraá da continuidad a una obra que tempranamente se reveló cuando integró el grupo de Pintores Concretos, en compañía, entre otros, de Loló Soldevilla, Luis Martínez Pedro, Salvador Corratgé y José María Mijares.

 

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