Programa de la agricultura suburbana

Trienio de avances, expectativas e insatisfacciones

MIGUEL FEBLES HERNÁNDEZ

"Parece que fue ayer... ", como diría el famoso bolero, así ha sucedido con el programa de la agricultura suburbana, de cuya implantación en el municipio de Camagüey, a modo de experiencia inicial para luego generalizarse en todo el país, se acaban de cumplir tres años en el presente mes de abril.

Foto del autorAunque insuficiente aún, la tracción animal constituye un componente decisivo del programa de la agricultura suburbana.

La decisión de entonces tenía toda la lógica del mundo: diseñar y aplicar una estrategia para poner a producir una franja de diez kilómetros alrededor de la ciudad cabecera provincial, a través de la conformación de cientos de fincas que se dedicarían, en lo fundamental, a los cultivos varios y la ganadería.

Se dice rápido, pero se trataba de alistar, con esfuerzos y recursos endógenos, alrededor de 29 000 hectáreas de tierras improductivas, en su mayoría infestadas de marabú y malezas, para comenzar a responder gradualmente a la demanda de productos agropecuarios de una población que supera los 300 000 habitantes.

¿Cuál ha sido, pues, la magnitud del cambio, justo a la mitad del tiempo concebido en el proyecto hasta el 2015? Luis Enrique Curró Portieles, director de la Empresa Agropecuaria de Camagüey, lo resume con un dato ilustrativo:

"Si en el 2008 esta ciudad apenas producía el 18 % de las viandas, hortalizas, granos y frutas que consumía, hoy se satisface al 39 %, un avance discreto, por lo que resulta obvio que aún es preciso transportar grandes volúmenes de alimentos desde otros municipios y provincias del país.

PASO A PASO, FINCA A FINCA

A la distancia de un trienio, a unos los fríos resultados estadísticos podrían parecerles insuficientes, y no dejan de tener razón; a otros, sobre todo a aquellos que conocen bien el escenario de las transformaciones, lo logrado hasta ahora les confirma que es esta una solución viable para el abastecimiento territorial.

"Hasta la fecha, explica Curró, 436 fincas se han declarado listas, que es igual a decir libres de marabú, además de disponer de tracción animal y sus implementos, emplear abonos orgánicos, contar con la fuerza de trabajo necesaria y alcanzar una producción estable y diversificada, entre otros indicadores muy exigentes".

Ha sido esta, por decirlo de algún modo, una etapa de creación de condiciones mínimas indispensables para coronar el anhelado salto productivo, en medio de múltiples dificultades de tipo material, que han obligado a trabajar, como dicen los campesinos, "a puro pulmón, con lo que se tiene a mano".

"No obstante, informa el directivo, en apoyo al programa se han recibido en estos tres años 62 sistemas de riego con alcance de una hectárea, destinados a los cultivos varios; otros 60 dirigidos a la producción de alimentos para la ceba de toros y 517 implementos, entre arados, cultivadores y gradas".

Un importante proceso inversionista tiene lugar también en la Granja Estatal Victoria Uno y en la UBPC Victoria Dos, para la instalación de 18 módulos de riego por aspersión y nueve máquinas de pivote eléctrico, que una vez en funcionamiento cubrirán 415 hectáreas de tierra en la zona de Altagracia.

VENCEDORES DEL DESÁNIMO

Era tanto el marabú, que Jorge Robles Guerrero y su hijo tuvieron que subirse en el techo del tractor para localizar el lugar marcado donde harían el pozo de la nueva finca. "Aquí nos pasamos casi un mes durmiendo debajo de la carreta ", recuerdan con un dejo de sana satisfacción.

Ahora la situación es otra: la finca Los Robles fue electrificada y en poco más de 40 hectáreas tiene en producción o en fomento plantaciones de guayaba, aguacate, mango, plátano y yuca, se atienden 60 cabezas de ganado y se garantiza el sustento familiar con la cría de cerdos, carneros y aves de corral.

"Transformar estos marabuzales en áreas productivas, comenta Robles, ha sido una excelente idea. Con un poco más de recursos, queremos terminar la casa de vaquería, los corrales, la planta de biogás y extender el riego a otras áreas ya cultivadas".

También asociada a la Cooperativa de Crédito y Servicios Renato Guitart, Saray Muñoz Rosabal fue de las primeras en alistar la finca La Deseada para los nuevos empeños y, por sus resultados, le fue entregada en usufructo otra parcela cercana "que ya este año comienza a rendir de verdad".

"Entre mi familia y mi buey Piti nos encargamos de todo. Hay que producir mucho más para vivir mejor", dice sonriente, mientras muestra los frutos del esfuerzo común, que ya deja dividendos en buenas cosechas de frijol, maíz, plátano, yuca, calabaza y hortalizas, sin olvidar la crianza de animales.

Otro que ha sabido aprovechar a plenitud la poca tierra cultivable que posee es Armando Peláez Serrano, quien en la Finca Rancho Chico, con apenas dos hectáreas, ha levantado un frutal donde compiten en igualdad de condiciones la guayaba, el coco, el aguacate y la naranja, con plátano y maíz intercalados.

A los 73 años, este hombre inquieto e ingenioso da lecciones cotidianas de vergüenza, al combinar las labores agrícolas con el trabajo en un pequeño taller al lado de la casa, donde se conciben y fabrican los más disímiles prototipos de implementos para la tracción animal que le han merecido no pocos reconocimientos.

Robles, Saray y Peláez son apenas tres ejemplos de los más de tres mil hombres y mujeres que hoy integran el programa de la agricultura suburbana en el municipio de Camagüey y con su esfuerzo diario contribuyen a la transformación de la zona en un próspero cinturón productivo.

¿Insatisfacciones? Muchas todavía, como lo reconoce Luis Enrique Curró Portieles, director de la entidad rectora del proyecto en el territorio:

"Tenemos que crecer en cantidad y en variedad en las viandas, explotar de manera eficiente los sistemas de riego, incrementar los rendimientos agrícolas, mejorar la calidad de la semilla, ser más exigentes en el control de las producciones y perfeccionar los mecanismos de comercialización de las cosechas".

 

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