El
llamado "sueño americano" se ha desdibujado. Cada día es más
evidente. Para algunos, incluso, puede convertirse en pesadilla tras
las rejas. Según denuncia Russia Today, la legislación
estadounidense permite en algunos estados del país juzgar a niños
mayores de siete años como si fueran adultos. Unos diez mil menores
están presos en cárceles para adultos.
Michael Kemp fue recluido en el centro de corrección Oak Hill
cuando tenía 12 años. "Ese lugar no ha sido diseñado para
rehabilitar, sino para castigar. Cuando estás detrás del alambre de
púas, eso te predispone aún más a la vida criminal", explicó.
"Nunca sabes qué pueden hacerte los mayores y siempre estás
pensando qué pasará contigo. Podría haberme vuelto loco al estar
tanto tiempo en una celda, donde no tenía nada que hacer."
No obstante, algunos consideran a Michael un afortunado, pues no
corrió la misma suerte de otros chicos que fueron violados por los
presos adultos. Según las estadísticas, uno de cada cinco reos
víctimas de violación es menor de 18 años.
George Stinney tenía 14 años cuando fue acusado de asesinar a dos
niñas blancas. Por supuesto, él era negro. Era 1944, en Carolina del
Sur. A pesar de su corta edad, lo sentenciaron a morir en la silla
eléctrica, y se convirtió así en la persona más joven ejecutada en
Estados Unidos durante el siglo XX. Según cuentan, la policía le
ofreció helado a cambio de confesar el doble asesinato. Hasta hoy,
su familia continúa creyendo en su inocencia.
En el año 2005, la Corte Suprema de EE.UU. prohibió aplicar la
pena de muerte a los menores. Sin embargo, ese país, el de mayor
población carcelaria mundial, es el único donde los niños pueden ser
sentenciados a cadena perpetua sin tener derecho a la libertad
condicional. Actualmente, hay unos 2 500 reos que fueron condenados
a morir en prisión cuando aún eran menores.
Así es el país que vende "sueños al alcance de la mano". Los
sueños no son para todos, las cárceles, sí.