Nadie dijo "si ella estuviera", o "cuando ella estaba". De Vilma
Espín Guillois se habló en presente al evocarse su vida y obra, en
el encuentro convocado por la casa-memorial que lleva su nombre en
Santiago de Cuba, en ocasión de los 82 años de su nacimiento en la
Ciudad Heroica.
A la cita, que con ese propósito tendrá lugar cada dos años,
habrá que cambiarle el nombre de taller científico, porque fue como
la reunión en familia de hombres y mujeres, entre ellos compañeras y
compañeros de lucha y de trabajo, de niños y estudiantes, en la
modesta vivienda donde transcurrieron muchos de sus años de
adolescencia y juventud.
"Empezamos como un grupo de cuadros tan jóvenes que Vilma nos
llamaba ‘las muchachitas’, como se dice a las de menos edad en la
familia. Realmente era un reto trabajar a su lado, pero nos
estimulaba la confianza en nosotras, su dedicación a la formación
del relevo, los consejos para atender las tareas de principio a fin
con igual dedicación y responsabilidad, recordó Arelis Santana
Bello, segunda secretaria de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC).
"De manera singular se adueñaba de nuestros corazones por su
sencillez y sensibilidad con todas las trabajadoras y sus
familiares.
"Ella tenía una extraordinaria vocación por la atención a la
niñez y la familia, mostrado tanto en el amor a sus hijos como en el
desvelo con que asumió siempre la responsabilidad en la formación,
la orientación y el cuidado de los niños y jóvenes, las necesidades
de las familias cubanas y los derechos de la mujer.
"Todo cuanto hizo en ese sentido representa la gran obra que nos
legara y el reto para los actuales cuadros de la FMC por mantenerla
y perfeccionarla, acorde con las transformaciones que tienen lugar
en la política económica y social del país".