Al menos cuatro soldados y 10 milicianos del grupo islamista
radical Ansar Al-Sharia murieron este lunes en enfrentamientos
durante un asalto armado contra una base militar en la provincia de
Abyan, en el sur de Yemen.
Un portavoz del Ejército indicó que los uniformados fueron
atacados mientras estaban de servicio a primeras horas de este lunes
en inmediaciones de Lawdar, un poblado de Abyan, demarcación situada
120 kilómetros al noroeste de la también meridional Adén.
Los enfrentamientos duraron alrededor de tres horas y causaron
igualmente dos bajas letales entre miembros de una tribu y decenas
de heridos en las filas de Ansar Al-Sharia (Partidarios de la Ley
Islámica) que autoridades yemenitas vinculan con la red Al-Qaeda.
Jefes de la 111 Brigada Blindada del Ejército de Yemen, emplazada
en un puesto a las afueras de Lawdar, señalaron que no fue la
primera vez que los islamistas lanzan un ataque a esa base, pero
esta fue la más violenta y letal en su intento por dominar toda la
zona.
Las milicias de Ansar Al-Sharia tomaron en mayo de 2011 la ciudad
de Zinjíbar, capital de Abyan, y luego dominaron las localidades de
Jaar y otras de esa provincia, donde causaron numerosas bajas a las
fuerzas de seguridad, que han intentado infructuosamente
desalojarlas.
Sólo en marzo último, una serie de ataques suicidas y tiroteos
provocaron más de 100 muertos, la mayoría soldados, y cientos de
heridos, incluidos residentes y también islamistas.
Fuentes militares y de tribus armadas apuntaron que antes del
asalto del grupo ligado a Al-Qaeda en la Península Arábiga (AQPA) la
aviación de combate yemenita había bombardeado el fin de semana
bastiones islamistas, causando la muerte de 24 hombres.
Los milicianos de AQPA intensificaron sus acciones después de la
llegada a la presidencia de Abdo Rabbo Mansour Hadi, quien reemplazó
en febrero a Alí Abdulah Saleh, apartado del poder tras un año de
revueltas populares y un plan concebido por países del golfo
Pérsico.
Hadi afirmó durante el acto de investidura, el 25 de febrero, que
una de sus tareas más prioritarias era continuar la guerra contra
Al-Qaeda como un deber nacional y religioso.