Paisaje Cultural de la Humanidad, Viñales luce hoy un mural
pictográfico dedicado a Benito Hernández, cantor de esa localidad
cubana, inspiración de caminantes, escritores y artistas de la
plástica.
Una pintura realizada con la técnica de acrílico sobre muro,
reverencia ahora al bardo, recordado aún por sus tonadas de raíz
campesina, acompañadas de los acordes del tres.
Transcurridos 100 años de su nacimiento, la imagen de Benito,
bastón en mano, custodia como amuleto a los repentistas en el Patio
del punto y la décima, plaza surgida para conservar las tradiciones
musicales de ese territorio, situado 160 kilómetros al oeste de La
Habana.
"Si vieras cuando amanece, en el valle de Viñales, por sobre las
palmas reales, la neblina que aparece", reza una de sus letras más
conocidas.
En el rincón del decimista sobresale ahora su figura sencilla, la
cual evoca el magistral canto del artista, entre símbolos
recurrentes en su poesía, comentó a Prensa Latina la musicóloga
Doris Céspedes.
Con la ayuda de procedimientos novedosos dentro del contexto
local -agregó-, los creadores Isaac Linares y Marcos González,
rinden merecido homenaje al cantante y compositor, conocido como
Benito el Viñalero.
Famosa por las exclusivas vistas de sus mogotes jurásicos, en
Viñales sobreviven centenarias tradiciones agrícolas y culturales,
entre las que destacan el cultivo del tabaco y los guateques
campesinos, animados por guitarras, versos y las controversias de
los guajiros improvisadores.
El poblado de aires coloniales conserva valiosos exponentes de la
arquitectura vernácula como las viviendas cubiertas con tejas
criollas (de barro cocido), mientras en el valle perduran los
bohíos, hechos de madera y hojas de palma.