Fue así que, durante los días de paro estudiantil, la Federación
Estudiantil Universitaria (FEU) acordó realizar la campaña de
movilización popular en apoyo a la Ley Fundamental, violada por el
golpe militar. Esta actividad se denominó Jura de la Constitución, y
consistió en abrir libros para que el pueblo depositara sus firmas
de respaldo.
La mañana del miércoles 2 de abril no fue una jornada cualquiera
en la Universidad, había un motivo para la expectación ciudadana.
Empezaba entonces el simbólico velorio de la Constitución de 1940,
acordado por la FEU. En el centro de la escalinata el ataúd, donde
yacía un ejemplar de la Carta Magna, acompañado de coronas florales
testigos de la condolencia pública, y una guardia de estudiantes que
escoltaba el féretro.
Luego de la exhibición del cadáver constitucional —como un
subrayado enérgico de protesta cívica contra los gobernantes
acusados de haber escalado el poder pasando sobre el texto
venerable—, los dirigentes estudiantiles organizaron una
peregrinación.
El domingo 6, en horas de la tarde, en el más absoluto silencio y
en un ambiente tenso, pero sereno, el estudiantado avanzó por la
calle San Lázaro, desde la Universidad y hasta el Rincón Martiano
—hoy Museo Fragua Martiana—, para "enterrar" allí la Constitución, a
fin de "revivirla" ante la estatua de José Martí.
Frente al busto del Apóstol se inhumó la Carta Magna, en lo que
tomaron parte muchos estudiantes revolucionarios, como José Antonio
Echeverría, Juan Pedro Carbó, Álvaro Barba, Raúl Castro, Armando
Hart y Manolo Carbonell, además de cientos de ciudadanos.
Cuando los estudiantes retornaron a la colina la ceremonia quedó
cumplida. Era un método eficaz —y permisible— de desplegar la
oposición política.