Aniversario 60

Jura y “entierro” de la Constitución

Raquel Marrero Yanes
rql@granma.cip.cu

En las primeras horas del día 10 de marzo de 1952, ya se conocía en la Universidad de La Habana que Batista había dado un golpe de Estado. Alertados por la noticia y con creciente preocupación por el suceso, los estudiantes comenzaron a moverse inquietos, tratando de encontrar el modo de acción que debían tomar en aquel momento.

Sobre el ataúd, envuelto en la bandera de Cuba, un manojo de flores. Dentro, el texto constitucional, velado por los estudiantes y revivido en el Rincón Martiano.

Fue así que, durante los días de paro estudiantil, la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) acordó realizar la campaña de movilización popular en apoyo a la Ley Fundamental, violada por el golpe militar. Esta actividad se denominó Jura de la Constitución, y consistió en abrir libros para que el pueblo depositara sus firmas de respaldo.

La mañana del miércoles 2 de abril no fue una jornada cualquiera en la Universidad, había un motivo para la expectación ciudadana. Empezaba entonces el simbólico velorio de la Constitución de 1940, acordado por la FEU. En el centro de la escalinata el ataúd, donde yacía un ejemplar de la Carta Magna, acompañado de coronas florales testigos de la condolencia pública, y una guardia de estudiantes que escoltaba el féretro.

Luego de la exhibición del cadáver constitucional —como un subrayado enérgico de protesta cívica contra los gobernantes acusados de haber escalado el poder pasando sobre el texto venerable—, los dirigentes estudiantiles organizaron una peregrinación.

El domingo 6, en horas de la tarde, en el más absoluto silencio y en un ambiente tenso, pero sereno, el estudiantado avanzó por la calle San Lázaro, desde la Universidad y hasta el Rincón Martiano —hoy Museo Fragua Martiana—, para "enterrar" allí la Constitución, a fin de "revivirla" ante la estatua de José Martí.

Frente al busto del Apóstol se inhumó la Carta Magna, en lo que tomaron parte muchos estudiantes revolucionarios, como José Antonio Echeverría, Juan Pedro Carbó, Álvaro Barba, Raúl Castro, Armando Hart y Manolo Carbonell, además de cientos de ciudadanos.

Cuando los estudiantes retornaron a la colina la ceremonia quedó cumplida. Era un método eficaz —y permisible— de desplegar la oposición política.

 

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