Una década de abandono, la gran cantidad de piedras, las
pendientes, la tupida maleza, pero sobre todo la improductividad del
suelo, como consecuencia del abusivo empleo del fuego, motivaban el
rechazo del área, que hoy comienza a florecer como un jardín gracias
a la recuperación del café (su renglón principal), los cultivos
varios, frutas y la ganadería.
"Cuando llegué aquí, hace tres años, nada se daba bien. El maíz,
las hortalizas, las viandas, todo crecía raquítico y se ponía
amarillo, como si la tierra les transmitiera hepatitis. Del café ni
hablar, apenas quedaban unos matojos, largos como cujes para
tabaco", rememora Enrique, un hombre de quien basta escuchar una
palabra para saber que se está ante un guajiro natural, formado en
las mejores tradiciones del campo.
"Con la ayuda de investigadores del CDM y de mi esposa Inocencia
Turro Ramírez —cuenta Enrique—, comenzamos a 'curar' la tierra. Para
ello trabajamos en la construcción de barreras muertas, unas
formadas por piedras y otras por guanos, pencas, yaguas y demás
restos forestales. Después le incorporamos humus de lombriz
producido en la finca. Así fuimos protegiendo el suelo y mejorándolo
a la vez."
Para restablecer ese recurso natural, también empleó con visible
resultado el abono verde mediante el frijol canavalia, leguminosa
rica en nitrógeno y favorecedora de la microflora del suelo.
Lo otro que hizo fue cubrir cada claro, cada espacio inepto para
los cultivos agrícolas, con la siembra de árboles maderables y
frutales. Miles de plantas de cedro, caoba, majagua y otras especies
valiosas ahora enriquecen la floresta de su área, lo mismo que
nuevas matas de aguacate, anón, cañandonga, guayaba, naranja y
mandarina.
Así, con supremo esfuerzo y aliado estrechamente a la ciencia y
la técnica, Enrique fue dándole vida a su finca, la que a decir de
Loexis Rodríguez Montoya, investigador del CDM, es hoy la más
promisoria de la comarca y paradigma de las prácticas agroecológicas,
como lo prueban el empleo de abono orgánico y el combate a las
plagas y enfermedades mediante un preparado a base del árbol del Nim,
higuereta, piñón lechoso, cardona y cal, con el cual fumiga a las
simientes y las plantas con buenos resultados.
Este socio de la Cooperativa de Crédito y Servicios Luis A. Carbó,
nacido en Caridad de los Indios, es, por demás, uno de los
campesinos que ensayan el comportamiento en esas montañas
salvadoreñas del IH plus, microorganismo benéfico de los cultivos
agrícolas y la ganadería, que recientemente comenzó a obtenerse en
el CDM.
La finca de Enrique posee 13,2 caballerías de las cuales dedica
seis al café, cultivo rescatado por él mediante la poda de las
plantas que sobrevivieron al prolongado abandono y la siembra de
nuevas áreas.
"De ese renglón principal ya entregué más de 150 latas en la
zafra que concluye, aun cuando no tenía plan, pues hacía solo tres
años que tenía la finca", explica el desenfadado labriego para
ampliar seguidamente que el trabajo con el café fue arduo, pues las
parcelas salvadas se lograron a machete limpio contra el matorral.
Este tenaz campesino, quien desarrolla en menor escala la
ganadería, tanto vacuna como cunícola, ha sido favorecido con
transferencia de tecnología, capacitación, semillas y otros recursos
por el Proyecto Nacional de producción sostenible de viandas,
granos, hortalizas y frutas, auspiciado por el Ministerio de
Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA), en tres municipios del
macizo montañoso Nipe-Sagua-Baracoa.