Fotografía por cuenta propia

FÉLIX LÓPEZ

  Foto: Yánder ZamoraUna fotografía, por panorámica que sea, solo nos muestra un fragmento de la realidad. Por eso trataremos de encuadrar en estas notas los elementos más visibles del paisaje urbano, desde que comenzó a crecer en esta Isla el número de trabajadores por cuenta propia. Al cierre del mes de febrero del 2012 la cifra de cubanos que dan vida a esta actividad ya había ascendido a 371 200; y según las previsiones estatales en el transcurso del año corriente se seguirán sumando compatriotas hasta superar el medio millón.

Gracias a esos trabajadores por cuenta propia han crecido y variado las ofertas gastronómicas, los servicios más necesarios y otros que habían desaparecido de nuestro entorno. Entre todos ellos han cambiado el paisaje y la rutina de barrios y ciudades. A su alrededor se mueve la vida y la mirada de quienes siguen de cerca su éxito o su fracaso. Ser pioneros en cualquier cosa siempre convierte al ser humano en centro de atención, de elogio o crítica. Y es necesario que así sea, porque el prisma de la sociedad debe seguir diferenciando entre lo que va bien y lo que nació mal, entre lo necesario y lo que sobra.

Según estadísticas, la elaboración y venta de alimentos, junto a la contratación de la fuerza de trabajo que le sirve de apoyo (75 % del total en establecimientos gastronómicos), constituyen la elección preferida por los cuentapropistas. Son ellos, obviamente, los más visibles. A nuestro alrededor han aparecido, uno tras otro, pequeñas cafeterías o paladares, vistosos y pulcros puntos de venta o tugurios que afectan el ornato público y siempre dejan dudas sobre la calidad de lo que expenden. Estos últimos ya han saltado hasta la letra de una guaracha del excelente cronista social Tony Ávila, que contabiliza "en cada cuadra un Comité y siete timbiriches".

Para ser justos es necesario ponderar que no todos los trabajadores por cuenta propia cuentan con el mismo capital o el patrimonio personal: algunos tienen la posibilidad de abrir un sitio bonito, funcional, con trabajadores uniformados y un cuidadoso trabajo de promoción de su actividad. Sobran ejemplos de paladares o cafeterías que ya están a la altura o superan a similares de empresas estatales. Pero también están las modestas, con menos presupuestos, lo que no justifica en modo alguno la existencia de lugares sucios, feos, o que violen en su construcción las regulaciones de Planificación Física. Aquí también debe cumplirse ese viejo precepto ético de "pobres, pero limpios". No se trata de ser suntuosos, pero sí dignos. Usted puede anunciar lo que vende en una pizarra simple, sin faltas de ortografía. Y puede vender desde un mostrador mínimo, pero pulcro.

En el orden de preferencia a la hora de tramitar una licencia de trabajo por cuenta propia, sigue el de los operadores de transporte de carga y de pasajeros. Nadie medianamente informado sobre la situación del transporte en el país dudaría de la importancia de la existencia de estos trabajadores. Con ellos, amén de sus cuestionadas tarifas, se mueve día a día un volumen importante de personas. Un "almendrón" y un "botero" te salvan de llegar fuera de tiempo al trabajo, a un hospital, a una clase o a una fiesta... Pero no todos los almendrones y boteros te llevan seguro, sano y salvo a tu destino.

Si usted se sienta diez minutos en un banco de parque, al lado de cualquier avenida principal, podrá perder la cuenta de los autos de alquiler que por allí transitan. Los verá recién pintados y rodando como piezas de museo, algunos hasta con aire acondicionado y su vistoso lumínico de TAXI. Pero también pasarán frente a sus ojos, aquellos destartalados carros que mantienen la dirección milagrosamente, que no tienen una luz intermitente sana, o que frenan trabajosamente. Basta mirarlos en acción para saber que ninguno de ellos pasaría el más elemental de los controles para acceder a una licencia operacional. Y sin embargo... la tienen.

Cuando dejamos esa avenida principal y nos adentramos en el barrio, entonces toparemos con otras de las figuras recurrentes del trabajo por cuenta propia: los carretilleros o vendedores de productos agrícolas en forma ambulatoria y los vendedores de artículos varios de uso en el hogar. Sobre ellos también es amplia la aceptación o la polémica social. Los primeros han devuelto a la vida los simpáticos pregones y han acercado a la distancia de una mano esos productos por los que antes había que caminar todo el barrio y más. Los segundos, bajo el paraguas de "artículos varios" han colado de todo: objetos y productos artesanales e industriales, importados o de dudosa procedencia.

Con todas sus virtudes y sus defectos, la "fotografía" actual del entorno es bien diferente a la de dos años atrás. Y para bien. Lo dicen las estadísticas y la opinión popular: el 66 % de los cubanos que hoy se desenvuelven en el trabajo por cuenta propia carecían de vínculo laboral. La economía familiar, en muchos casos, comienza a moverse favorablemente. Y las autoridades, más allá de educar sobre impuestos y seguridad social, también deberán exigir más disciplina en el ejercicio del cuentapropismo. Solo así dejarían de existir (o se reducirían), timbiriches indeseados, almendrones peligrosos y receptadores-vendedores de artículos robados a la economía nacional.

 

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