Aunque
todas las encuestas de opinión muestran que la mayoría de los
ciudadanos estadounidenses discrepan de la política oficial de su
país respecto a Cuba, hasta los más partidarios de la normalización
de los vínculos con la isla vecina suelen partir de concepciones
erróneas —o al menos inexactas— en cuanto al origen y los aspectos
más censurables de esta política.
La más extendida de estas concepciones es la de que el curso
hostil de las relaciones con el pequeño país vecino es incorregible
por la presión política que ejerce la inmigración de origen cubano
radicada en la Florida, cuyo apoyo la hace intocable en periodos de
elecciones federales.
Pero la inmigración cubana no es la más numerosa en Estados
Unidos, ni siquiera entre las hispanas.
Tampoco el llamado lobby cubano es un grupo de presión
característico, pues no responde, como los demás en el Congreso, a
un gobierno extranjero que lo utiliza para ejercer influencia en la
política exterior de Washington como extensión del trabajo de sus
embajadas. El lobby cubano se manipula desde adentro como grupo de
presión contrario a las relaciones entre Estados Unidos y Cuba.
La responsabilidad por la existencia y "fortaleza política" del
llamado lobby cubano en el Congreso no radica verdaderamente en la
comunidad de inmigrantes cubanos en la Florida, sino en una
estrategia de dominación de la derecha ultraconservadora de Estados
Unidos, con objetivos políticos claramente definidos que incluyen el
mantenimiento de la tensión en el Estrecho de la Florida.
Las leyes estadounidenses conceden a los inmigrantes cubanos, con
fines promocionales y como acción de guerra contra la isla,
prerrogativas tales como admisión automática, ubicación laboral al
arribo, asistencia económica y privilegios en el proceso para
recibir la condición de residentes y luego la ciudadanía, beneficios
que no son brindados a inmigrantes de otras nacionalidades.
Buena parte de los cubanos llegados durante los tres primeros
años que siguieron al triunfo revolucionario en la Isla, fueron
reclutados por los cuerpos de inteligencia estadounidenses para ser
utilizados en acciones agresivas contra Cuba, dada su experiencia
represiva adquirida al servicio de la tiranía derrocada. Algunos
sirvieron, así mismo, para el desarrollo de acciones de guerra sucia
contra las fuerzas patrióticas que —siguiendo el ejemplo cubano— se
lanzaban a la lucha contra las tiranías militares impuestas por
Washington en varias naciones de la región.
Así se conformó un ejército informal de personas de habla
hispana, capaz de enmascarar la mano estadounidense en acciones de
violencia contrarrevolucionaria, como la genocida operación Cóndor
que, en mayor o menor medida, sufrió toda Latinoamérica.
La fortaleza económica del "exilio cubano" nació del dinero mal
habido extraído de Cuba, en grandes cantidades, ante la previsible
caída del dictador Fulgencio Batista, al que se sumó el que llevaron
consigo los prófugos de la justicia que huyeron junto al tirano.
Creció con el financiamiento de la CIA para sabotajes en la Isla
y los presupuestos del Departamento de Estado para la creación de
organizaciones de terroristas "pro-democratización" de Cuba que, en
ocasiones, incursionaban en el narcotráfico con la protección que
les garantizaban la CIA y el dominio de la logística y las
comunicaciones con que esta agencia les había habilitado.
Los abundantes recursos financieros asignados al proyecto
aportaron relevancia social en el Sur de la Florida a esta formación
de mercenarios presentados por los medios dominantes como
"luchadores por la libertad y la democracia". Otros cubanos que
emigraban por temor a los efectos del bloqueo y ante la creciente
agresividad militar de Estados Unidos, o directamente afectados por
la radicalización del proceso revolucionario, fueron sumándose a los
esfuerzos estadounidenses por recuperar el dominio de la Isla y
evitar la propagación de su ejemplo.
Veinte años después muchas de esas personas, enriquecidas y
amparadas por la CIA y demás agencias de inteligencia a las que
habían servido, fueron transformadas en políticos estadounidenses.
Desde entonces dedicaron su tiempo a hacer terrorismo contra Cuba en
el terreno de la política en Estados Unidos y a emplear sus puestos
para socavar la política exterior hacia Cuba, favoreciendo sus
agresivas agendas.
La administración de Reagan hizo el milagro de lavar sus
expedientes para llevarlos a ocupar cargos políticos en todos los
niveles. Algunos son hoy congresistas federales integrados en la
extrema derecha conservadora de Estados Unidos y jurados enemigos de
las relaciones con nuestro país.
Es esa la razón por la que los desmanes del "lobby cubano" no son
atribuibles a los cubanos, sino al orden establecido en Estados
Unidos, que podría desecharlo en cualquier momento, como tantas
veces lo ha hecho con quienes le han servido y han dejado de serle
útiles.