Los
ricos están gozando más que nadie de la recuperación económica luego
de la peor crisis desde la gran depresión; o sea, los mismos que la
provocaron son los más beneficiados con el rescate de la destrucción
que generaron.
Los más ricos de los más ricos son los que gozan más que todos.
Unas 15 mil familias las que cuentan con ingresos promedio de 23,8
millones de dólares, vieron sus ingresos crecer 21,5 % en el 2010
(4,2 millones adicionales). Representan el 0,01 % más rico, y
concentraron más de un tercio (37 %) del incremento de los ingresos
en ese año de recuperación económica. Los integrantes del famoso 1 %
tan identificado por el movimiento Ocupa Wall Street recaudaron 93 %
del ingreso adicional creado en el país en el 2010 sobre el 2009, un
total de 228 mil millones de dólares. El 1 % que goza de por lo
menos 352 mil dólares en ingresos anuales y en promedio un millón y
pico, tuvo un incremento en su ingreso del 11,6 % (106 mil
adicionales).
El 99 % —o sea, todos los demás— se quedó con solo 7 % del
ingreso adicional generado por la recuperación en el 2010; esto es,
80 dólares por persona.
Estos cálculos, de una investigación de los economistas franceses
Thomas Piketty y Emmanuel Saez, que estudiaron los datos oficiales
de tributo hacendario, y resumidos en un artículo de Steven Rattner
en The New York Times, solo confirman lo que todos sienten a diario:
este país hoy es de, para y por los ricos.
La economía creció 3 % en el último trimestre del 2011, reportó
el gobierno la semana pasada, comparado con 1,8 % en el tercer
trimestre del 2011. Pero, como sugieren las tendencias del 2010 —el
año más reciente con cifras completas—, casi todo el tesoro
adicional generado se sigue concentrando en el 1 % más rico.
Robert Reich, exsecretario del Trabajo, profesor e intelectual
público, señala que las recuperaciones económicas recientes han
beneficiado cada vez más a los más ricos. El 1 % obtuvo 45 % del
crecimiento económico durante la presidencia de Bill Clinton en los
90, y 65 % durante los tiempos de su sucesor, George W. Bush. Ahora,
con Barack Obama, obtiene 93 % del incremento en la generación de la
riqueza nacional.
Reich señala que casi nadie más abajo del 10 % más rico registró
una mejora en su ingreso y que, de hecho, la mayoría del 90 % de
abajo hoy es más pobre. El ingreso ajustado promedio fue de 29 840
dólares anuales en el 2010, 127 menos que en el 2009 y casi 5 000
dólares menos que en el 2000. A la vez, las prestaciones otorgadas
por patrones también están en declive; menos trabajadores gozan de
seguro de salud y planes de jubilación de sus empresas.
Y por supuesto los ricos son los inversionistas más grandes, y
resulta que la bolsa de valores tuvo un incremento de billón y medio
solo en el último trimestre del 2011, mientras los del 90 % tienen
casi siempre sus casas como el mayor de sus bienes, pero el valor de
sus inmuebles se ha desplomado más de un tercio desde el 2006.
Peor aún: no solo los incrementos en ingresos se han concentrado,
sino que ha habido un traslado masivo de abajo hacia arriba. Andrew
Hacker reporta en la New York Review of Books que, según sus
cálculos basados en el censo oficial, desde 1985 el 60 % de la
población de abajo ha perdido cuatro billones de dólares, la mayoría
de los cuales se han trasladado al 5 % más rico. No es casualidad
que Estados Unidos sea en este momento tal vez el país avanzado más
desigual del mundo.
A pesar de todo, los republicanos en el Congreso y sus
precandidatos presidenciales favorecen hacer aún más marcado este
desequilibrio entre el 1 y el 99 % al presentar propuestas para
reducir aún más los impuestos sobre los más ricos y reducir cada vez
más los servicios públicos de salud, educación y empleo para las
grandes mayorías. Por su parte, el gobierno de Obama anuncia cada
día el gran éxito de sus políticas económicas evidente en la
recuperación, pero, por supuesto, no menciona que benefician casi
exclusivamente a los más ricos.
Todo esto en medio de un ciclo electoral donde la economía es el
tema que determinará casi todo. Con ello, el gran debate es entre
las políticas económicas que benefician a los más ricos con Obama y
las de republicanos que dicen que los ricos se deben beneficiar aún
más.
La batalla electoral, por cierto, es financiada por los más
ricos. El gasto de agrupaciones independientes en las elecciones se
ha incrementado más de 108 % en lo que va de este ciclo comparado
con los niveles en el 2008. Todos esperan que la inversión de los
ricos en esta elección será la mayor jamás ocurrida (recientemente
unos donantes acaudalados se comprometieron a invertir 100 millones
para derrotar a Obama). A través de nuevas entidades conocidas como
Súper PAC, los ricos pueden donar cantidades sin límites para
favorecer a un partido o un candidato, siempre que la entidad no
coordine sus esfuerzos con una campaña electoral. En el 2011 los
Súper PAC recaudaron 62 millones; la mitad de este total provino
solo de 22 donantes.
Las políticas que han transformado la economía y a la sociedad en
este país a favor de los más ricos ahora se aplican a la política.
En el transcurso de las últimas décadas, el poder del dinero
concentrado ha subvertido a las profesiones, destruido a los
pequeños inversionistas, destruido al Estado regulador, corrompido
en masa a legisladores y exprimido repetidamente a la economía.
Ahora ha venido por nuestra democracia, afirma Thomas Frank en un
artículo en Harper’s, donde detalla cómo los ricos ahora son los que
seleccionan a los candidatos presidenciales en Estados Unidos.
Es cada vez más difícil describir este país como una democracia,
a menos que los ricos sean el demos mientras todos los demás
solo tienen la opción de comprar boletos de lotería para poder
ingresar al 1 % y, con ello, ser admitidos a participar en
determinar el destino de su país. La democracia aparentemente no es
gratuita.