La
prima ballerina assoluta Alicia Alonso presidió la gala que el
Ballet Nacional de Cuba (Bnc) tributó aquí a la escuela que ella
misma fundara hace medio siglo junto con los hermanos Fernando y
Alberto Alonso.
En el gran teatro habanero, alumnos, profesores y amantes de la
danza se dieron cita la víspera para celebrar la labor tesonera de
la Escuela Nacional de Ballet, devenida patrimonio cultural del
pueblo cubano.
Con elocuentes palabras la primera bailarina del BNC Yanela
Piñera felicitó al claustro que dirige Ramona de Zaa y manifestó su
orgullo por haber surgido de una institución reconocida a nivel
mundial.
En nombre del centro docente, la profesora Mirtha Hermida destacó
cómo la escuela cubana se ha convertido en el referente
paradigmático que la distingue de otras escuelas, estilos y
latitudes geográficas.
Es un fenómeno estilístico del siglo 20, del que todo somos
parte, aseveró para significar luego que también ha sido la forma
idónea de dignificarnos culturalmente, con un sello auténtico e
irrepetible.
Con el desfile previo de un grupo de egresados en la graduación
número 50, el BNC ofreció la comedia-ballet La flauta mágica,
versión coreográfica de Alonso sobre la obra homónima de Lev Ivanov.
Bailarines jóvenes y vigorosos, continuadores del legado de una
generación que marcó pautas en la historia dancística cubana,
lucieron sus mejores cualidades en el homenaje.
En cinco décadas la Escuela Nacional de Ballet ha graduado a
miles de muchachos procedentes de distintos lugares del país, sin
tener en cuenta su origen, sino el talento como principal divisa.
Su actual sede capitalina, ahora en proceso de restauración, fue
entregada en 2001 por el líder de la Revolución, Fidel Castro.
En ella continúan trabajando con gran rigor docente en aras de la
excelencia artística, informó