A la cultura y pueblo de Martinica estará dedicada la XXXII
edición del Festival del Caribe, que se efectuará del tres al nueve
de julio de este año en Santiago de Cuba, sede de la cita desde su
creación.
Orlando Vergés, director de la Casa del Caribe, institución
rectora del evento, explicó este jueves en conferencia de prensa que
esta versión se perfila como una de las de mayor participación, pues
hasta el momento se ha confirmado la presencia de delegaciones
artísticas de 46 naciones..
Solo de Martinica asistirán 350 participantes, mientras que
países como Argentina, México y Surinam, sobresalen por lo nutrido
de sus delegaciones
En el encuentro, efectuado en el complejo cultural El Sauce, en
La Habana, Vergés destacó la importancia de que a esta pequeña isla
perteneciente a las Antillas Menores esté dedicado el Festival, ya
que fortalece la relación del evento con los países del Caribe
francófono, de gran peso cultural en la región.
La Fiesta del Fuego, como también se le conoce a la cita, acogerá
además al coloquio El Caribe que nos une, espacio de reflexión
teórica sobre el papel de la cultura en el desarrollo de los pueblos
de este Mare Nostrum .
Asimismo se celebrarán las tres décadas de creada la Casa del
Caribe por ese grande del pensamiento y las investigaciones sociales
que fuera Joel James, del que se festejará su 70 cumpleaños.
Como en ediciones anteriores el Festival del Caribe propone sus
tradicionales desfiles artísticos de las agrupaciones participantes
y presentaciones músico-danzarias en más de 40 escenarios de
Santiago de Cuba, que incluyen calles, parques y plazas.
También se mantienen las diferentes ceremonias mágico-
religiosas, exposiciones de artes plásticas, encuentros de
narradores orales y el intercambio entre portadores de las distintas
expresiones de la cultura popular y tradicional.
Durante una semana se podrá apreciar la permanencia de elementos
originarios de África en las culturas del área, y como Martinica
mantiene técnicas de la artesanía tradicional, una gastronomía única
por sus condimentos, y ritmos como el zouk, fieles exponentes de su
riqueza nacional.