Jimaguas de sangre y vocación

ORTELIO GONZÁLEZ MARTÍNEZ

VENEZUELA, Ciego de Ávila.— Los jimaguas María Isabel Mora Proenza y Carlos Humberto, con solo 15 años, dan pasos importantes en su vida. A ambos los une el deseo de superarse para mañana ser útiles.

Foto del autorSiempre hay una mirada atenta al aprendizaje de los futuros obreros calificados.

Ella estudia la especialidad de obrero calificado en Agropecuaria; él, la de Mecánica Industrial. Ambos formarán parte en poco más de un año de los hombres y mujeres que en un futuro cercano generarán bienes y realizarán servicios impostergables en la vida económica y social del país.

Revelan que la vocación les surgió por su abuelo materno Melquiades Proenza Correoso, quien siempre estuvo de frente al campo, con la enseñanza martiana como bandera. "Cualquier cosa que se planta, se cosecha", oían desde pequeños.

A Carlos Humberto siempre le gustó desarmar los juguetes, "para después arreglarlos", afirma en tono de broma. "Por eso digo que la mecánica me entra fácilmente."

"Cuando termine, trabajaré en las reparaciones de las máquinas y los implementos agrícolas, pues sin ellos no puede haber Agricultura.

"En la parte mecánica nos enseñan a soldar y la construcción de estructuras metálicas. Lo que aprendemos en el aula, lo llevamos a las unidades. Y aprendemos mucho. Fíjate que el otro día me atreví a arreglar el mando del DVD de mi casa. A mi mamá no le gustó la idea, pero se puso de lo más contenta cuando funcionó."

Dice María Isabel que en su especialidad de Agropecuaria, al igual que en las otras que se estudian en el Politécnico, reciben clases de Historia, Matemática, Español, pero la que más le agrada es la asignatura Pico de Cosecha. "Es muy práctica, útil, y no tenemos que estar sentados en el aula. Ahora mismo estamos en la recogida del frijol".

Explica, también, que ha aprendido a hacer distintos tipos de nudo y a enyugar bueyes, primero en la maqueta y después "en vivo y en directo". Y menciona: "entre los nudos se encuentran el corredizo, el marinero, el de gaza, vuelta del carretero, lazo corredizo¼

"Y para enyugar, la persona nunca debe pararse frente a los bueyes. Después de amarrar ambos narigones, los pones en el suelo y los pisas con el pie para que los animales no levanten la cabeza y se mantengan quietos. Le doy dos o tres vueltas de soga al yugo frente a cada uno, y ahí comienzo a ajustar bien. Uno primero y otro después. Cuando se le coge el golpe, es sencillo, pero las habilidades se adquieren con la práctica diaria cuando te acercas a la vida laboral."

María Isabel y Carlos Humberto son una de las tres parejas de jimaguas que estudian en el Ramón Paz Borroto, entre los mejores centros de su tipo en la provincia avileña. Ellos, como otros alumnos allí, andan con la sonrisa a flor de labios, conscientes de que contribuyen a moldear el futuro del país.

 

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