Roturas industriales e interrupciones operativas han complicado
constantemente la situación, agravada también por intermitentes
dificultades en el suministro de caña.
No moler establemente o permitir el envejecimiento de la materia
prima durante el proceso, tiene una gran repercusión directa en el
rendimiento industrial planificado.
Solo por ese concepto, desde el 28 de febrero Las Tunas ha dejado
de producir unas 2 835 toneladas de azúcar, al tiempo que ha debido
moler alrededor de 26 800 toneladas más de caña.
Especialistas del sector afirman que hay suficiente gramínea para
cumplir o acercarse todo lo posible al plan de producción de azúcar:
superior en un 25 % al del pasado año y uno de los más altos del
país.
Aun así, habrá que afincar botas en torno a la eficiencia. El
verdadero mérito es producir más con menos, sacarle a cada plantón
el máximo beneficio, aprovechar el rendimiento potencial cañero y
ganarles tiempo a unas lluvias que se tornan cada vez más
impredecibles y con frecuencia muy inoportunas, en particular para
las labores de corte, alza y tiro.
Inteligente ha sido la decisión de priorizar plantaciones
ubicadas en áreas bajas, propensas a complicar el panorama ante el
menor aguacero. En eso, y en el difícil arte de engranar los
mecanismos de cosecha, los agrocañeros del municipio de Manatí
devienen buena referencia. Pero no ocurre igual en todos los
frentes. Las unidades productoras del municipio de Colombia, por
ejemplo, ponen a menudo contra las cuerdas al central de Amancio
Rodríguez y algo parecido está ocurriendo con el suministro desde el
sur de Jesús Menéndez, en lo fundamental hacia la industria situada
en Majibacoa.
Generalidades y detalles son analizados a camisa quitada, sobre
todo en los encuentros semanales. Sin embargo, todavía predomina la
tendencia al discurso consignista, de arenga, compromiso y
justificación, entre directivos y responsables de las Unidades
Empresariales de Base.
Insatisfacción y claridad meridiana frente a esa realidad mostró
Teresa Amarelle Boué, primera secretaria del Partido en la
provincia, durante la más reciente reunión celebrada aquí para
evaluar la marcha de la contienda.
"Coincidentemente" en ninguna de las intervenciones que escuchó
allí afloraron las insuficiencias, irregularidades y problemas muy
concretos, detectados de forma sorpresiva, durante visitas a cargo
de funcionarios y trabajadores del Partido, para "tocar" con la
pupila áreas cañeras, pelotones de corte, centros de acopio,
basculadores, molinos, calderas¼ conversar con los obreros, escuchar
preocupaciones y sugerencias.
Dificultades materiales, objetivas, están obligando a trabajar
bajo una gran presión, a un ritmo intenso; muchas veces el
mantenimiento pierde su esencia y deviene instante para resolver
(remendar, reparar) lo más apremiante. Pero hay "detalles" de
carácter subjetivo que no entallan en el cuerpo de las
justificaciones.
Nada explica que haya unidades productoras donde el corte
comienza tarde y termina antes de tiempo, jefes que no están al
frente de sus fuerzas cuando se inician las labores, carros que
duermen cargados, caña en el suelo durante horas convirtiéndose cada
vez más en "veneno" para el proceso industrial, turnos de trabajo
que no realizan una correcta entrega y sobre todo, falta de visión y
de supervisión para avizorar e impedir "imprevistos" que pueden ser
previstos.
Por esas grietas se escapan cañaverales enteros, sacos y
toneladas de azúcar, eficiencia y lo más preciado: el tiempo, ese
que ya le ha entregado casi 80 días a una contienda que apenas
reporta el 67 % del azúcar previsto hasta la fecha y cuyo
comportamiento ulterior dependerá en cierta medida de las lluvias y
en alto grado, de la voluntad y capacidad para recuperar el atraso y
no seguir tropezando con las mismas piedras.