partir
de aquel momento, la ciudad francesa se convirtió en el centro
informativo del mundo. Los medios de comunicación transmitían, casi
en directo, los detalles de la tragedia.
Toda Francia lanzó un alarido y se sumergió en el duelo; la Unión
Europea condenó de inmediato lo ocurrido por boca de su
representante diplomática. Pero Catherine Asthon cometió un
disparate: al repudiar la muerte de menores inocentes incluyó a los
niños de Gaza. ¡Intolerable!
El ministro de Defensa israelí precisó que "sus soldados actúan
en Gaza con gran precisión para proteger a los niños inocentes"; el
ultraderechista ministro de Exteriores aseguró que "Israel es el
país más moral del mundo"; el primer ministro afirmó enérgico que
"la masacre de Toulouse no admite comparación con las acciones
quirúrgicas que practica su Ejército".
Netanyahu tenía razón; las diferencias entre ambas tragedias son
abismales. Quien disparó en Toulouse pudo ser visualizado por las
cámaras; quienes disparan contra los niños palestinos son guerreros
fantasmales imposibles de detectar. Salah Shehadeh dormía en su
humilde vivienda cuando fue alcanzada por un misil israelí; el
matrimonio y sus cinco hijos quedaron carbonizados, pero nadie
podría identificar la mano que activó el propulsor. Huda jugueteaba
con otros niños en las peligrosas playas de Gaza; un proyectil
disparado a distancia mató al padre de la niña. La Marina israelí
negó cualquier responsabilidad; solo los datos registrados en la
carcasa del misil dejaron al descubierto la ruindad de quienes
habían atacado una playa repleta de gente.
Quien tiró contra los niños judíos fue catalogado de criminal;
los pilotos que disparan contra los niños gazatíes pertenecen al
cuerpo de elite más admirado del Ejército sionista. El pistolero de
Toulouse atacó a varios escolares; la aviación israelí atacó el
hospital infantil de Gaza sin reparar en los muchos niños que
estaban siendo atendidos en él. Ambas actuaciones son criminales,
pero el presunto Mohamed Merah mató a tres niños y la operación
"Plomo Fundido" contra Gaza a cuatrocientos.
La tragedia de Toulouse mereció atención absoluta y repulsa
mundial. Los crímenes contra la población civil árabe no merecen la
más breve reseña ni la más tenue condena. Peor aún, despiertan
vergonzosas vanidades. Durante muchos meses, los aviones mirages
franceses han sembrado de muerte los pueblos y aldeas libios; lo que
iba a ser una medida cautelar se convirtió en una carnicería contra
la población civil.
¿Dónde estaba la compungida sociedad francesa cuando sus fuerzas
aéreas mataban a niños libios por carretadas? Guardaron un silencio
que tenía mucho de complicidad y de complacencia; admiraban con
regodeado chauvinismo la pericia de sus pilotos y la eficacia de sus
aviones.
Efectivamente, hay demasiadas diferencias entre los niños judíos
y los árabes. Para el sionismo y sus encubridores internacionales,
los niños palestinos no merecen mucha más consideración que los
gusanos.