Vivimos
el año olímpico, Londres prepara su escenario para ser sede por
tercera ocasión —1908, 1948, 2012— del espectacular acontecimiento
del deporte mundial.
Los organizadores presentarán unos juegos ecológicos; hablan de
cómo pretenden darles uso social a las modernas instalaciones al
concluir el evento; hablan también del valor intrínseco de unir,
entre el 27 de julio y el 12 de agosto, a hombres y mujeres de
distintas latitudes; ya crean expectativas en torno al recorrido de
la antorcha, mientras persiste la sorpresa alrededor de la ceremonia
inaugural.
Son variados los temas con mayor o menor permanencia en los
medios. Y entre esos tópicos agradables aparece uno preocupante, el
dopaje, quizá el más espinoso, pues la vida está demostrando que,
aparejado a los cada vez más severos controles, surgen inusitados
tramposos.
El pasado 19 de enero quedó acreditado ante la Agencia Mundial
Antidopaje (AMA) el Laboratorio londinense para los Juegos Olímpicos
y Paralímpicos. Conocimos que la instalación fue proporcionada por
la compañía farmacéutica, Glaxo Smith Kline (GSK), equipada con la
más alta tecnología en la historia de estos certámenes, para
garantizar la toma de un número de muestras nunca antes alcanzado.
Sin embargo, en contraste con los mencionados adelantos, expertos
en el mundo de los deportes consideran que han sido diseñadas cerca
de 100 drogas indetectables para mejorar el rendimiento, similares
al efecto del consumo prohibido de eritropoyetina (EPO, por sus
siglas en inglés).
Afirman los anfitriones de la cita olímpica que en su laboratorio
—con una extensión territorial comparable a la de siete canchas de
tenis—, que funcionará las 24 horas del día guiado por 150
científicos, se asegurarán de cerrarles el espacio a quienes hagan
trampas con drogas en la cita estival.
El especialista Mario Thevis, de la Universidad Alemana del
Deporte en Colonia, aseveró este mes en una conferencia de prensa
sobre el dopaje en la edición de Londres’12, que existen nuevos
productos que actúan como la EPO, pero son estructuralmente
diferentes, lo que obliga a desarrollar con urgencia métodos
novedosos para su detección, pues ya algunos se utilizan en varias
disciplinas.
Claro, ninguna de estas sustancias están al alcance del público
en las farmacias, es preciso poseer "buenas conexiones" para
adquirirlas, aseguran quienes las analizan. A partir de esto último
salta a la vista la segunda arista del problema: la proliferación de
inescrupulosos mercaderes de esas drogas que lucran a partir de su
venta, sin importarles la salud de los consumidores y mucho menos,
la calidad de las competencias.
Aquí la ley queda detrás de la trampa, pues aunque va en marcha
el estudio de fórmulas para combatir a esos "enmascarados", tanto
estas pruebas como las realizadas para descubrir el dopaje genético,
no hay certeza de que la AMA las implemente para los Juegos
Olímpicos de Londres. (El dopaje genético emplea células, genes o
elementos genéticos para mejorar el rendimiento de los atletas y es
difícil de detectar, porque el gen del dopaje es muy similar a las
células naturales halladas en cualquier organismo).
Con el interés de asumir el desafío, Francia propuso una ley para
crear el pasaporte biológico para todos sus deportistas de alto
nivel, pero entrará en vigor el primero de julio del 2013. La
Agencia Francesa de Lucha contra el Dopaje practicará los análisis
de orina y de sangre, como responsable de expedir el documento.
Precisamente desde Europa y sus escenarios profesionales llegan
con mayor regularidad noticias de destacadas personalidades que
incurren en el doping como alternativa para garantizar el éxito, la
idolatría del público y hasta para contrarrestar el lógico descenso
de su rendimiento causado por la edad.
De cara a este panorama, el laboratorio de Londres’12 tendrá un
duelo de capa y espada.