Desde
hace muchísimo tiempo, los trovadores insulares y otros exponentes
de la música cubana contemporánea, reflejan en sus canciones el
acontecer diario desde una perspectiva crítica, sincera y reflexiva,
lo que ha convertido a sus obras en un extraordinario medidor para
tomarle el pulso a la sociedad y a sus inquietudes generacionales.
Tony Ávila se inscribe de una manera singular dentro de esa
tradición trovadoresca que ha hecho de la canción un método
infalible para abordar la sociedad, a partir de una aguda mirada que
responde a la ética y a los dictados personales de cada juglar. Pero
en su trayectoria esta imprescindible vocación por dejar testimonio
manifiesta ribetes bastante originales, que le permiten alcanzar un
sello distintivo en la creación sonora del patio. Lo alcanza sobre
todo porque exhibe una manera de entender la música con lucidez,
inteligencia y con una sensibilidad muy particular, que denota una
madurez y un eclecticismo que hace que su contenido abreve en los
territorios del changüí, el son y la poética de la Trova.
Nacido en La Habana, pero radicado en Matanzas, el músico
presentó recientemente su primer álbum, En tierra¼
, bajo la égida de la disquera Bis Music. Se trata de 12 temas
que suenan como si Ñico Saquito, Faustino Oramas (El Guayabero) y
Pedro Luis Ferrer se hubieran ido juntos de gira por toda Cuba para
encerrarse después en el estudio y grabar las anécdotas del viaje en
un disco. Sobresalen obras como mi casa.cu, Balseros,
Científicamente negro, El mundo de los más y La
choza de Chacho y Chicha, que lo revelan como un trovador con
una personalidad propia fraguada a base de talento, imaginación y
oído atento a las pulsaciones de la época. Son canciones cargadas de
historias reales que desarrolla con un lenguaje popular, asequible y
directo. Por eso, entre otras cosas, producen una inmediata conexión
con los oyentes que pueden sentir como si les estuviera hablando
directamente a ellos.
Del mismo modo en que arroja anclas en las profundas aguas de la
realidad contemporánea, Tony muestra un talento innato e intuitivo
para escribir temas de amor con marcado lirismo. Entre los
imperdibles aparecen títulos como Solo para dos, Si
pregunta por mí y Títere, este último definido como una
singular obra maestra de la canción romántica por el escritor
Guillermo Rodríguez Rivera, quien tuvo a su cargo las notas de
presentación del álbum.
Gran debut entonces de este trovador hecho y derecho y dueño de
un novedoso lenguaje artístico que funciona como puente entre la
herencia de los ritmos populares, la canción de autor y la creación
sonora contemporánea. Un lenguaje que despliega con afilada
precisión, ironía y un abundante sentido del humor para abonar
generosamente los terrenos de la trova cubana del presente.