Lúcidas credenciales de Tony Ávila

MICHEL HERNÁNDEZ
michelher@granma.cip.cu

Foto: Yander ZamoraDesde hace muchísimo tiempo, los trovadores insulares y otros exponentes de la música cubana contemporánea, reflejan en sus canciones el acontecer diario desde una perspectiva crítica, sincera y reflexiva, lo que ha convertido a sus obras en un extraordinario medidor para tomarle el pulso a la sociedad y a sus inquietudes generacionales.

Tony Ávila se inscribe de una manera singular dentro de esa tradición trovadoresca que ha hecho de la canción un método infalible para abordar la sociedad, a partir de una aguda mirada que responde a la ética y a los dictados personales de cada juglar. Pero en su trayectoria esta imprescindible vocación por dejar testimonio manifiesta ribetes bastante originales, que le permiten alcanzar un sello distintivo en la creación sonora del patio. Lo alcanza sobre todo porque exhibe una manera de entender la música con lucidez, inteligencia y con una sensibilidad muy particular, que denota una madurez y un eclecticismo que hace que su contenido abreve en los territorios del changüí, el son y la poética de la Trova.

Nacido en La Habana, pero radicado en Matanzas, el músico presentó recientemente su primer álbum, En tierra¼ , bajo la égida de la disquera Bis Music. Se trata de 12 temas que suenan como si Ñico Saquito, Faustino Oramas (El Guayabero) y Pedro Luis Ferrer se hubieran ido juntos de gira por toda Cuba para encerrarse después en el estudio y grabar las anécdotas del viaje en un disco. Sobresalen obras como mi casa.cu, Balseros, Científicamente negro, El mundo de los más y La choza de Chacho y Chicha, que lo revelan como un trovador con una personalidad propia fraguada a base de talento, imaginación y oído atento a las pulsaciones de la época. Son canciones cargadas de historias reales que desarrolla con un lenguaje popular, asequible y directo. Por eso, entre otras cosas, producen una inmediata conexión con los oyentes que pueden sentir como si les estuviera hablando directamente a ellos.

Del mismo modo en que arroja anclas en las profundas aguas de la realidad contemporánea, Tony muestra un talento innato e intuitivo para escribir temas de amor con marcado lirismo. Entre los imperdibles aparecen títulos como Solo para dos, Si pregunta por mí y Títere, este último definido como una singular obra maestra de la canción romántica por el escritor Guillermo Rodríguez Rivera, quien tuvo a su cargo las notas de presentación del álbum.

Gran debut entonces de este trovador hecho y derecho y dueño de un novedoso lenguaje artístico que funciona como puente entre la herencia de los ritmos populares, la canción de autor y la creación sonora contemporánea. Un lenguaje que despliega con afilada precisión, ironía y un abundante sentido del humor para abonar generosamente los terrenos de la trova cubana del presente.

 

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