Ante un público que en la Basílica Menor de San Francisco se
sabía en presencia de un acontecimiento extraordinario en la vida
musical habanera, el escritor Armando Cristóbal Pérez evocó aquella
velada en el lejano 1960 en la que dos muy jóvenes herederos de una
tradición familiar se unieron en una pequeña sala de Marianao para
interpretar una sonata de Beethoven.
Ya sus nombres sonaban como firmes promesas de la música de
concierto en nuestro país y con el tiempo varias generaciones los
asociarían como paradigmas de maestría, emprendimiento y entrega,
juntos pero casi siempre separados, cada cual en carril propio.
Fue así como se nos hicieron entrañables los hermanos Tieles:
Evelio en el violín y Cecilio en el piano. Entre Cuba y España han
desarrollado una intensa y extensa trayectoria docente y artística
en las dos últimas décadas, con agendas particulares. De ahí que la
oportunidad de escucharlos y verlos en un ejercicio de cámara común,
ahora en la Basílica, era como para no perdérselo.
Para comenzar, nada mejor que revisitar la Sonata opus 24,
Primavera, de Ludwig van Beethoven, la misma de los inicios.
Obra de transición del compositor que va dejando atrás las aguas del
clasicismo, contiene pasajes en los que virtuosismo e intención
expresiva retan a los intérpretes sometidos a un diálogo a veces
jubiloso, a veces lírico, hasta con un guiño mozartiano en el cuarto
movimiento, donde a todas luces, se recrea uno de los motivos de
La clemencia de Tito. De manera inspirada, con conocimiento de
causa, Evelio y Cecilio redondearon la entrega.
En territorio romántico se instalarían estos músicos para
despedir el programa, antes de que tuvieran que volver con más por
reclamo del público. En el repertorio de cámara para violín y piano
sigue siendo incombustible la Sonata, de César Franck,
definida por la crítica como una pieza que abrió nuevos horizontes
dentro del género, en tanto de una parte se respira el ambiente
heredado del lied alemán, y por otro se aprecia la libertad y
flexibilidad características del compositor belga.
Unas últimas líneas obligan a referirnos a las obras que los
hermanos Tieles situaron hacia la medianía del programa: las tres
primeras Órficas, de Juan Piñera. Estamos ante uno de los
ciclos de la música cubana de cámara contemporánea más completos y
rotundos que puedan imaginarse. Es música escrita con oficio pero
sin complejos, con sumo rigor pero sin ataduras. Pronto tendremos el
regalo de poder admirar la dimensión titánica de las Órficas
en su conjunto gracias a una grabación del Dúo Promúsica, producida
por el sello Colibrí.
El protagonismo del violín, sin desmedro para la parte
pianística, resulta evidente. En la interpretación de las tres
primeras piezas del ciclo, Evelio Tieles se empleó a fondo para
develar los rejuegos dramáticos piñerianos, que nos remiten a las
fortalezas de Bela Bartok y a las sutilezas de Darius Milhaud.