Los Tieles, pasión de cámara

PEDRO DE LA HOZ

Ante un público que en la Basílica Menor de San Francisco se sabía en presencia de un acontecimiento extraordinario en la vida musical habanera, el escritor Armando Cristóbal Pérez evocó aquella velada en el lejano 1960 en la que dos muy jóvenes herederos de una tradición familiar se unieron en una pequeña sala de Marianao para interpretar una sonata de Beethoven.

Ya sus nombres sonaban como firmes promesas de la música de concierto en nuestro país y con el tiempo varias generaciones los asociarían como paradigmas de maestría, emprendimiento y entrega, juntos pero casi siempre separados, cada cual en carril propio.

Fue así como se nos hicieron entrañables los hermanos Tieles: Evelio en el violín y Cecilio en el piano. Entre Cuba y España han desarrollado una intensa y extensa trayectoria docente y artística en las dos últimas décadas, con agendas particulares. De ahí que la oportunidad de escucharlos y verlos en un ejercicio de cámara común, ahora en la Basílica, era como para no perdérselo.

Para comenzar, nada mejor que revisitar la Sonata opus 24, Primavera, de Ludwig van Beethoven, la misma de los inicios. Obra de transición del compositor que va dejando atrás las aguas del clasicismo, contiene pasajes en los que virtuosismo e intención expresiva retan a los intérpretes sometidos a un diálogo a veces jubiloso, a veces lírico, hasta con un guiño mozartiano en el cuarto movimiento, donde a todas luces, se recrea uno de los motivos de La clemencia de Tito. De manera inspirada, con conocimiento de causa, Evelio y Cecilio redondearon la entrega.

En territorio romántico se instalarían estos músicos para despedir el programa, antes de que tuvieran que volver con más por reclamo del público. En el repertorio de cámara para violín y piano sigue siendo incombustible la Sonata, de César Franck, definida por la crítica como una pieza que abrió nuevos horizontes dentro del género, en tanto de una parte se respira el ambiente heredado del lied alemán, y por otro se aprecia la libertad y flexibilidad características del compositor belga.

Unas últimas líneas obligan a referirnos a las obras que los hermanos Tieles situaron hacia la medianía del programa: las tres primeras Órficas, de Juan Piñera. Estamos ante uno de los ciclos de la música cubana de cámara contemporánea más completos y rotundos que puedan imaginarse. Es música escrita con oficio pero sin complejos, con sumo rigor pero sin ataduras. Pronto tendremos el regalo de poder admirar la dimensión titánica de las Órficas en su conjunto gracias a una grabación del Dúo Promúsica, producida por el sello Colibrí.

El protagonismo del violín, sin desmedro para la parte pianística, resulta evidente. En la interpretación de las tres primeras piezas del ciclo, Evelio Tieles se empleó a fondo para develar los rejuegos dramáticos piñerianos, que nos remiten a las fortalezas de Bela Bartok y a las sutilezas de Darius Milhaud.

 

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