El camino emprendido por Sonia McCormack en el 2002 al crear el
Ensemble Vocal Luna, íntegramente conformado por voces femeninas,
acaba de vencer el trecho de su primera década con toda la ventura
posible bajo la conducción de la joven maestra Wilmia Verrier
Quiñones, quien mostró en estos últimos días de marzo la
consolidación de un trabajo coral de mucho mérito.
En el Oratorio San Felipe Neri la agrupación abordó un repertorio
estilísticamente variado y exigente destinado no solo a probarse a
sí misma sino a satisfacer las apetencias de un nutrido público,
mayoritariamente joven, que acude con frecuencia a los conciertos de
música vocal. Sea dicho también esto como un logro del movimiento
coral cubano, que en el área profesional cuenta en toda la Isla con
agrupaciones de excelencia y profesores de primerísimo nivel como
Electo Silva, José Antonio Méndez, Digna Guerra, Alina Orraca,
Carmen Collado y María Felicia Pérez.
A la vera de estos nombres se ha empinado Wilmia Verrier, quien
ahora con Vocal Luna despliega no solo sus cualidades de liderazgo
sino también una concepción refinada de la proyección vocal.
Como todo coro que se respete, Vocal Luna tiene entre sus bases
el repertorio polifónico tradicional aprehendido de tal modo que se
da el lujo de embridarse con la agrupación insignia de la música
antigua occidental entre nosotros, Ars Longa, como lo hizo en el
concierto con piezas del inglés John Dowland.
Esa no fue la única colaboración presente en la velada. Idéntico
desafío asumieron las muchachas al unirse a la sección femenina de
Exaudi, con María Felicia Pérez como solista (cada vez canta mejor)
en el Standchen, de Franz Schubert, quintaesencia del
romanticismo alemán.
También como todo coro cubano que se respete, el conjunto paseó
por las sabrosas y sutiles páginas de Si tu supieras, de
Emilio Grenet, y Drume negrita, de Eliseo Grenet. Y hasta
tuvo su momento de sobria sublimación lírica con la versión del
maestro Cándido Monier de la canción de Tom Jobim y Vinicius de
Moraes, Yo sé que te voy a amar.
Quisiera, sin embargo, resaltar otros tres momentos del concierto
que no deben pasar inadvertidos. Uno, la intervención de la arpista
Ana Beatriz del Río, botón de muestra de la formidable labor docente
que lleva a cabo contra viento y marea la profesora Mirta Batista.
Otro, la interpretación de dos piezas de la serie Haikus, de
Mónica O’ Reilly, destacables por su concentración expresiva. Y un
tercero: la experiencia con el taller de voz y movimiento corporal
que se desarrolla en la Escuela Nacional de Música, cuyo coro
femenino se sumó a la demostración, en una visceral entrega de
Mudanzas, de Oscar Escalada.