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CCS Juan Darias, de Yaguajay
Buscarse los frijoles
En apenas 500 hectáreas, una cooperativa
espirituana produce más de 600 toneladas de frijol, maíz y otros
granos al año; ecuación factible que ojalá no tuviera que lidiar con
absurdos cruceteos
JUAN ANTONIO BORREGO
YAGUAJAY, Sancti Spíritus.— La zona de Jarahueca, una extensa
faja ubicada al sur del municipio de Yaguajay, y particularmente la
Cooperativa de Crédito y Servicios (CCS) Juan Darias, ha ganado
celebridad en los últimos años con el incremento de la producción de
frijoles, una legumbre que al decir de los lugareños "se da como
lechuga" en este lugar.
Manengo
González: “Una campaña de frijol no es como sembrar una tabla de
yuca”.
Considerada una suerte de polígono para la experimentación
agrícola, la CCS espirituana, en las poco más de 500 hectáreas que
destina a los cultivos varios, superó el pasado año las 600
toneladas de granos entregadas al Estado —fundamentalmente frijol y
maíz—, proporción que si no resulta récord para una entidad de su
tipo, al menos constituye un buen average.
Estudios realizados en la región dan cuenta de la preeminencia de
magníficos suelos y de un invierno privilegiado, en el que aparecen
con frecuencia lo que los campesinos de aquí llaman "los nortes de
semillero", especie de chubascos anacrónicos que caen como bendición
sobre las frijoleras en plena juventud.
José Manuel González Delgado, Manengo, como se le conoce al
presidente de la Juan Darias en Jarahueca, asegura, sin embargo, que
de poco valdría este regalo de la naturaleza sin la experiencia y el
atrevimiento de los hombres que se encargan de cultivar la tierra.
TRES COSECHAS EN UN AÑO
En Cuba, como en varios países de Hispanoamérica, la frase
"buscarse los frijoles" equivale a ganarse la vida o procurar el
sustento, un ejercicio que para los hombres de Jarahueca implica
sapiencia y consagración, pero también no pocos desvelos y dolores
de cabeza, como reconoce William León, uno de los productores
insignias del territorio.
"Mucha gente está equivocada —advierte Manengo—, una campaña de
frijol no es como sembrar una tabla de yuca, todo debe hacerse en su
momento, es científico. Si hay temperaturas altas, tienes que regar
cada siete días y si riegas, entonces tienes que aplicar el
pesticida porque si te coge la plaga, pierdes güiro, calabaza y
miel".
Algunos de los productores con más oficio en la Juan Darias
consiguen hasta tres cosechas al año en las mismas tierras, pero
solo cuando logran sincronizar de manera perfecta su desempeño, algo
que lo mismo puede ser obstaculizado por el comportamiento de la
naturaleza que por fallas en el aprovisionamiento de los insumos.
La
CCS dedica unas 30 caballerías al cultivo del frijol.
Los ciclos son de 90 días. Es preciso sembrar religiosamente en
septiembre, de manera que entre diciembre y enero se recoja la
primera cosecha, se prepare la tierra "a la carrera", algo en lo que
resultan expertos, y se inicie la segunda siembra, para luego
emplear la variedad Caupí en la tercera, ya en etapa primaveral, y
empatar así un año con el otro.
El ritual incluye "garrapatear" pulgada a pulgada cada rincón,
luchar el agua primero de tranque en tranque y luego "chuparse" el
río Caonao y, por supuesto, montar guardia todas las noches para
mantener la producción y los sistemas de riego a salvo de cuatreros.
ABONO A DISTANCIA
Aunque las rastras que transportan los fertilizantes para el
programa frijolero de la zona pasan por Jarahueca e incluso deben
detenerse forzosamente en una señal de PARE que custodia la esquina
más transitada del pueblo, todas sus cargas van a parar a los
almacenes de la Empresa Agropecuaria Obdulio Morales, ubicados en la
zona de Nela, al norte de Mayajigua.
Según Manengo, la ubicación de los abonos en dicho sitio impone a
la CCS un cruceteo absurdo e insensato, en tanto su recogida y
traslado implican un recorrido que en ida y vuelta suma unos 100
kilómetros, mal que según él pudiera remediarse, por ejemplo, si se
coordinara con la Empresa Valle del Caonao, también del MINAGRI, que
cuenta con almacenes en Itabo, mucho más cercanos a la Cooperativa.
"Solo de abono son 11 viajes mensuales por lo bajito, sin contar
los pesticidas y demás recursos", ilustra Leonardo Morales,
administrador de la Juan Darias, quien no duda que este trasiego
agujerea los bolsillos de la Cooperativa.
"Algo similar ocurre con la prueba de humedad, que debe hacerse
antes de la venta —dice el presidente de la CCS—, los productores
tienen primero que llevar el frijol hasta Vitoria, a unos 30
kilómetros de la zona de cosecha y luego traerlo a Iguará, que es
donde Acopio se lo compra, a otros 30 kilómetros".
Convertida en laboratorio para el cultivo del frijol (en el 2011
entregó 268 toneladas), la agrupación campesina, además de la
variedad tradicional, siembra varios tipos de blanco, el Caupí, el
Vigna, el Guariba, el Milagro Villareño, el Velasco Largo y el
Borinquen Jaspeado, entre otros.
Asimismo ha experimentado con el garbanzo y mantiene una
producción estable de Mijo, una gramínea cuyo fruto comercializa con
la Sociedad Ornitológica de Cuba y el Instituto Finlay, que lo usa
en dietas especiales.
Pero la CCS no solo vive de los frijoles, el pasado año también
vendió al Estado más de 350 toneladas de maíz, 205 de carne de cerdo
y 82 de ganado vacuno, 145 mil litros de leche y 325 quintales de
tabaco, resultados que esperan mantener en el corriente 2012, dice
Manengo admirado de sus hombres, que beben de su estirpe y creen en
las cabañuelas de enero, pero no se sientan a esperar por ellas.
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