La crisis económica y social que sufre Europa no ha dejado
indemne al pequeño país de cerca de medio millón de habitantes, que
posee uno de los mayores Productos Internos Brutos per cápita del
mundo.
La pobreza va en aumento, el Gobierno recorta los programas
sociales y aumenta los impuestos, todo lo cual tiene efectos
negativos en el poder adquisitivo de los trabajadores, asegura
Ruckert.
"Actualmente tenemos más de 20 mil personas sin trabajo, que
equivalen al 6 % de la población en edad laboral. Pero esas cifras
ocultan a miles de desempleados luxemburgueses que trabajaban en
países vecinos. Junto a los sindicatos hemos calculado que la cifra
real se acerca al 10 %.
"A eso se suma la presión sistemática sobre los salarios y el
aumento de la jornada laboral. Luxemburgo tiene la mayor
productividad de la Unión Europea, pero la mayor parte de esos
ingresos se van del país. Por cada euro que invierten los
capitalistas se llevan uno extra como ganancia.
"Otro problema que se ha acrecentado con la crisis es que el
Gobierno distribuye el presupuesto estatal a favor de los dueños de
las empresas y en detrimento de los beneficios sociales. Los
subsidios a los estudiantes, por ejemplo, se han reducido
drásticamente".
Esta es la situación que enfrenta el partido que comanda Ruckert
desde el año 2000, una organización fundada en 1921 bajo el influjo
de la Revolución de Octubre de 1917, y que cuenta ya con más de
noventa años de historia.
"Desde que se desató la crisis, el partido ha establecido un
diálogo con los trabajadores. Una de nuestras tareas principales es
informar sobre las acciones del Gobierno y ofrecer una alternativa.
"Los sindicatos socialdemócratas buscan una solución dentro del
sistema, pero nosotros pensamos que solo se puede superar la crisis
actual si se piensa más allá del capitalismo. En eso consisten
nuestras discusiones con los trabajadores".
Sin embargo, el dirigente comunista tiene clara su estrategia a
corto plazo: atacar el sistema a partir de las mismas medidas que
ellos han tomado en contra de la clase trabajadora y comenzar a
movilizar esas fuerzas en contra de los recortes.
"Los miembros del partido que pertenecen a los sindicatos
socialdemócratas tienen como misión lograr que los trabajadores
salgan a las calles a protestar contra las medidas del Gobierno,
pues al principio estas organizaciones apoyaron plenamente sus
políticas".
Esta no es una tarea fácil —refiere— porque son un partido
pequeño con una influencia limitada. Pero en los últimos años se ha
comenzado a revertir esa tendencia. En las elecciones municipales de
octubre del 2011 el KPL obtuvo por primera vez en 20 años una
representación en los Concejos Comunales de Esch-sur-Alzette y
Differdange, dos de las principales ciudades del país.
Ruckert es consciente de la responsabilidad de su partido en esta
nueva coyuntura histórica: "Muchas veces son las fuerzas de derecha
y extrema derecha las que salen beneficiadas con las crisis
capitalistas y no las fuerzas de izquierda.
"En Luxemburgo ha aumentado el número de personas que quieren
soluciones radicales. Asimismo, en países vecinos como Bélgica y
Francia la extrema derecha se ha fortalecido.
"Además, la historia muestra que cuando el sistema no encuentra
una solución a la crisis opta por la guerra. Ese es el mayor peligro
que corremos en este momento y el reto al que nos enfrentamos".