En él se ve cómo una joven blanca, que imita a Uma Thurman en
Kill Bill, se enfrenta a tres agresores que responden al perfil de
un chino, un indio y un brasileño. Ella se multiplica para rodearlos
y apaciguarlos. La joven y sus 11 clones se transforman acto seguido
en las estrellas de la bandera europea. El eslogan al final del
video reza "The more we are, the stronger we are" (Cuantos más
somos, más fuertes somos).
El problema es que no tuvieron en cuenta que en Internet no
siempre se puede seleccionar al público al que llega el mensaje. En
las horas siguientes a que el video se colgase, despertó airadas
críticas tanto por parte de los internautas como de la prensa. Fue
tildado de racista y de sexista, y la Dirección General de
Ampliación lo retiró y reconoció su error, además de disculparse.
Reconocer un error es el primer paso para el perdón. Pero tanto
en la forma como en el fondo este asunto da mucho que pensar.
Respecto a la forma, ilustra muy bien la dificultad que entraña
para la Unión Europea dirigirse a los europeos. Se trata de una
ardua labor intentar llegar a 500 millones de personas que no hablan
la misma lengua, ni en el sentido literal ni en el figurado, y que a
menudo tienen una opinión comedida sobre las instituciones europeas.
De hecho, según el último eurobarómetro, el 31 % de los europeos
tienen una imagen positiva de la UE, frente al 26 % que tienen una
imagen negativa.
Sobre el fondo, tal y como subraya Annika Ström Melin en el
Dagens Nyheter, el video confirma la tendencia que marcan los
dirigentes europeos conforme se agrava la crisis económica: achacan
la causa de sus males a enemigos exteriores. "Una manera clásica, y
peligrosa, de consolidar una comunidad es atribuyendo el origen de
sus problemas a otras", escribe ella. "Es cierto que Europa está
expuesta a la competencia mundial, con China a la cabeza. Pero la
Unión ganaría mucho más si permaneciese unida, sacando provecho del
mercado único y hablando con una sola voz".
Y eso es precisamente lo que no hace. La ausencia de pedagogía o
incluso la hostilidad de la que han hecho gala los gobiernos ante la
adhesión de nuevos Estados a la UE, y las divisiones que han
mostrado con respecto a la crisis, hacen pensar que serían más bien
ellos los destinatarios de un mensaje que incite a una mayor unidad
y apertura.