Elliott
Abrams, un exfuncionario de alto nivel del Departamento de Estado en
Washington durante la década de 1980, testificó a finales de enero
último que la administración Reagan conocía que la Junta Militar de
Argentina robaba sistemáticamente bebés de los opositores asesinados
y encarcelados, para dárselos a familias de derecha incondicionales
al régimen.
Así lo revela un artículo titulado Elliott Abrams’ Dark History
in Latin America, de Cyril Mychalejko, editor de la publicación
digital UpsideDownWorld.org originada en Vermont, Estados Unidos.
Dijo Abrams que, en una reunión que sostuvo con el Embajador en
Washington de la Junta Militar argentina en diciembre de 1982, él le
sugirió al diplomático que la dictadura podría "mejorar su imagen"
promoviendo un proceso conjunto con la Iglesia Católica para la
devolución de los niños a sus legítimas familias.
El contenido de esa reunión quedó registrado en un memorándum
escrito por Abrams que fue desclasificado por el Departamento de
Estado en el 2002, y es ahora pieza clave de evidencia contra varios
funcionarios de la entonces gobernante junta militar argentina.
"Los desaparecidos morían y los niños que les sobrevivían se
volvían un problema humanitario más grave aún", dijo Abrams en su
mensaje testimonial transmitido en forma de videoconferencia a un
tribunal federal en Buenos Aires.
Ello no impidió que el Departamento de Estado certificara que la
situación de los derechos humanos en el país sudamericano
"mejoraba".
Las relaciones de Abrams y la administración Reagan con la Junta
Militar argentina no eran antagónicas ni críticas, sino muy
cordiales —dice el artículo. Incluso, en 1978, Ronald Reagan, antes
de ser elegido presidente, envió un escrito suyo al diario The Miami
News condenando las críticas formuladas por el presidente Jimmy
Carter por las violaciones de los derechos humanos que se estaban
registrando en Argentina. Reagan argumentaba que la Junta Militar
había sido "establecida para restablecer el orden" y que se hacía
demasiado aspaviento por el encarcelamiento de "unos cuantos
inocentes".
Uno de los primeros actos de Reagan como presidente fue anular
las restricciones a la ayuda militar a Argentina, dispuestas por
Carter como sanción por la situación de los derechos humanos bajo el
régimen militar. El gobierno de Ronald Reagan financió a los
escuadrones de la muerte argentinos que entrenaban en Honduras a la
Contra nicaragüense y a los paramilitares hondureños.
Pero Argentina no fue el único país latinoamericano que sufrió
las atrocidades de Abrams. El artículo recuerda sus vínculos con el
general Efraín Ríos Montt quien, habiendo sido capacitado en la
Escuela de las Américas, gobernó Guatemala como estrecho aliado de
Washington en 1982-83 tras asumir el poder mediante un golpe militar
y es considerado responsable de 1 771 muertes, 1 400 violaciones de
los derechos humanos y el desalojo de 29 mil indígenas, ocurridos
durante su tiranía.
Sostiene el artículo que en diciembre de 1982, Reagan viajó a
Guatemala para elogiar al dictador Ríos Montt por sus esfuerzos y
dedicación a la democracia y la justicia social. Pocos días después
de la visita de Reagan fueron masacrados por los militares 251
hombres, mujeres y niños en la localidad de Las Dos Erres.
Reagan, asistido por Abrams, patrocinó y encubrió múltiples
violaciones de los derechos humanos en El Salvador, donde una guerra
civil de 12 años dejó unas 70 mil muertes, el 90 % de las cuales son
consideradas responsabilidad del gobierno respaldado por Reagan y
los paramilitares. En 1993, cuando el Congreso planeaba investigar
el papel de la administración Reagan en abusos de los derechos
humanos en El Salvador, Abrams calificó de "logro fabuloso" la
actuación de ese gobierno y conceptuó la acusación de "reprobable
carga macartista".
Según Mychalejko, los medios de prensa estadounidenses
desaprovechan una excelente oportunidad de utilizar el caso de
Abrams como base de estudio y reflexión acerca de la cruel y cruenta
historia de los Estados Unidos en el hemisferio.
Es debido a esta ignorancia voluntaria y la institucionalizada
impunidad de sus diplomáticos, que Abrams ha podido resurgir en
Washington como miembro del Consejo de Seguridad Nacional del
presidente George W. Bush y ahora como asesor informal del
presidente Barack Obama.
En el 2009, respondiendo a una pregunta acerca de si él se
disculparía por el papel de la CIA en el golpe de Estado de 1973 en
Chile, Obama dijo que le interesaba ir hacia adelante sin mirar
hacia atrás. No obstante, para que la historia no se repita, el
Presidente y los ciudadanos de Estados Unidos debían reflexionar
sobre estos asuntos y mirar hacia atrás en la historia para que la
justicia pueda avanzar hacia adelante, concluye el análisis de Cyril
Mychalejko.