¡Revolución
no, zarpazo! Patriotas no, liberticidas, usurpadores, retrógrados,
aventureros sedientos de oro y poder.
No fue un cuartelazo contra el presidente Prío, abúlico,
indolente; fue un cuartelazo contra el pueblo, vísperas de
elecciones cuyo resultado se conocía de antemano.
No había orden, pero era el pueblo a quien le correspondía
decidir democráticamente, civilizadamente y escoger sus gobernantes
por voluntad y no por la fuerza.
Correría el dinero en favor del candidato impuesto, nadie lo
niega, pero ello no alteraría el resultado como no lo alteró el
derroche del Tesoro Público en favor del candidato impuesto por
Batista en 1944.
Falso es por completo, absurdo, ridículo, infantil, que Prío
intentase un golpe de Estado, burdo pretexto; su impotencia e
incapacidad para intentar semejante empresa ha quedado
irrebatiblemente demostrada por la cobardía con que se dejó
arrebatar el mando.
Se sufría el desgobierno, pero se sufría desde hace años
esperando la oportunidad constitucional de conjurar el mal, y usted,
Batista, que huyó cobardemente cuatro años y politiqueó inútilmente
otros tres, se aparece ahora con su tardío, perturbador y venenoso
remedio, haciendo trizas la Constitución cuando solo faltaban dos
meses para llegar a la meta por la vía adecuada.
Todo lo alegado por usted es mentira, cínica justificación,
disimulo de lo que es vanidad y no decoro patrio, ambición y no
ideal, apetito y no grandeza ciudadana.
Bien estaba echar abajo un gobierno de malversadores y asesinos,
y eso intentábamos por la vía cívica con el respaldo de la opinión
pública y la ayuda de la masa del pueblo. ¿Qué derecho tienen, en
cambio, a sustituirlo en nombre de las bayonetas los que ayer
robaron y mataron sin medida? No es la paz, es la semilla del odio
lo que así se siembra. No es felicidad, es luto y tristeza lo que
siente la nación frente al trágico panorama que se vislumbra. Nada
hay tan amargo en el mundo como el espectáculo de un pueblo que se
acuesta libre y se despierta esclavo.
Otra vez las botas; otra vez Columbia dictando leyes, quitando y
poniendo ministros; otra vez los tanques rugiendo amenazadores sobre
nuestras calles; otra vez la fuerza bruta imperando sobre la razón
humana.
Nos estábamos acostumbrando a vivir dentro de la Constitución,
doce años llevábamos sin grandes tropiezos a pesar de los errores y
desvaríos. Los estados superiores de convivencia cívica no se
alcanzan sino a través de largos esfuerzos. Usted, Batista, acaba de
echar por tierra en unas horas esa noble ilusión del pueblo de Cuba.
Cuanto hizo Prío de malo en tres años, lo estuvo usted haciendo
en once. Su golpe es, pues, injustificable, no se basa en ninguna
razón moral seria, ni en doctrina social o política de ninguna
clase. Sólo halla razón de ser en la fuerza, y justificación en la
mentira. Su mayoría está en el ejército, jamás en el pueblo. Sus
votos son los fusiles, jamás las voluntades; con ellos puede ganar
un cuartelazo, nunca unas elecciones limpias. Su asalto al poder
carece de principios que lo legitimen; ríase si quiere, pero los
principios son a la larga más poderosos que los cañones. De
principios se forman y alimentan los pueblos, con principios se
alimentan en la pelea, por los principios mueren.
No llame revolución a ese ultraje, a ese golpe perturbador e
inoportuno, a esa puñalada trapera que acaba de clavar en la espalda
de la República. Trujillo ha sido el primero en reconocer su
gobierno, él sabe quiénes son sus amigos en la camarilla de tiranos
que azotan la América, ello dice mejor que nada el carácter
reaccionario, militarista y criminal de su zarpazo. Nadie cree ni
remotamente en el éxito gubernamental de su vieja y podrida
camarilla, es demasiada la sed de poder, es muy escaso el freno
cuando no hay más Constitución ni más ley que la voluntad del tirano
y sus secuaces.
Sé de antemano que su garantía a la vida será la tortura y el
palmacristi. Los suyos matarán aunque usted no quiera, y usted
consentirá tranquilamente porque a ellos se debe por completo. Los
déspotas son amos de los pueblos que oprimen, y esclavos de la
fuerza en que sustentan la opresión. A su favor lloverá ahora
propaganda mentirosa y demagógica en todos los voceros, por las
buenas o por las malas, y sobre sus opositores lloverán viles
calumnias; así lo hizo Prío también y de nada le valió en el ánimo
del pueblo. Pero la verdad que alumbre los destinos de Cuba y guíe
los pasos de nuestro pueblo en esta hora difícil, esa verdad que
ustedes no permitirán decir, la sabrá todo el mundo, correrá
subterránea de boca en boca en cada hombre y mujer, aunque nadie lo
diga en público ni la escriba en la prensa, y todos la creerán y la
semilla de la rebeldía heroica se irá sembrando en todos los
corazones; es la brújula que hay en cada conciencia.
No sé cuál será el placer vesánico de los opresores en el látigo
que dejan caer como caínes sobre la espalda humana, pero sí sé que
hay una felicidad infinita en combatirlos, en levantar la mano
fuerte y decir: ¡No quiero ser esclavo!
Cubanos: Hay tirano otra vez, pero habrá otra vez Mellas, Trejos
y Guiteras. Hay opresión en la Patria, pero habrá algún día otra vez
libertad.
Yo invito a los cubanos de valor, a los bravos militantes del
Partido glorioso de Chibás; la hora es de sacrificio y de lucha, si
se pierde la vida nada se pierde, "vivir en cadenas, es vivir en
oprobio y afrenta sumidos. Morir por la patria es vivir".