Así lo afirmó en conferencia de prensa el eminente biólogo
norteamericano Peter Agre, galardonado con el Premio Nobel de
Química en el 2003, y presidente de honor del Congreso Internacional
Biotecnología Habana 2012, que culmina hoy en el capitalino Palacio
de las Convenciones y en el cual participan alrededor de 600
especialistas de cuarenta países.
Consideró como un suceso relevante el salto dado por la
biotecnología cubana en apenas poco más de dos décadas, al pasar de
modestos pasos a ocupar un lugar cimero en el desarrollo de
promisorios proyectos de vacunas terapéuticas y preventivas, cuyos
resultados pudieran tener un gran impacto a mediano o largo plazo en
el bienestar del hombre.
"Lo hecho por este pequeño país en el progreso de la ciencia y la
erradicación de enfermedades es digno de reconocer, su programa
nacional de inmunización y las eficaces estrategias sanitarias
adoptadas para lograr esos objetivos, son incuestionables avances.
Sin duda, hay mucho que aprender de Cuba".
Agre manifestó su desacuerdo con las regulaciones vigentes en los
Estados Unidos que impiden la colaboración científica y la
transferencia de tecnologías entre ambos países. Por ahora, eso no
es posible, pero tales barreras cesarán en algún momento. Hoy hay
mucho más norteamericanos visitando Cuba y descubriendo sus
potencialidades. Ello contribuirá a que los dos pueblos puedan
conocerse mejor y tender puentes de amistad, aseveró.
Interrogado sobre qué consejo daría a los jóvenes investigadores,
respondió: lo más importante es que amen la ciencia, y nunca se
rindan ante los contratiempos; usen el talento para hacer
descubrimientos útiles, y luego contribuyan a su aplicación.
El Doctor Peter Agre es profesor de la Universidad Johns Hopkins,
y recibió el Premio Nobel de Química 2003 por el descubrimiento de
las acuaporinas, proteínas presentes en los seres vivos que
posibilitan el tránsito de agua hacia y desde las células.