Entre
los patriotas más ilustres de Camagüey en el siglo XIX está Eduardo
Agramonte Piña. Era uno de los 76 hombres que protagonizó el
alzamiento de Las Clavellinas el 4 de noviembre de 1868. Días
después integró el Comité Revolucionario, recibiendo su bautismo de
sangre en el combate de Bonilla donde resultó herido en una pierna,
por lo que se le considera el primero en derramar sangre mambisa en
tierra camagüeyana.
Sus actividades conspirativas las comenzó en la Junta
Revolucionaria de Camagüey. Allí, unido a Ignacio Agramonte (primo)
y a Salvador Cisneros lideró el sector más radical en contra de los
que planteaban formulas reformistas.
Fue miembro de la Asamblea de Representantes del Centro, cargo al
que renunció para incorporarse como médico-cirujano, al Ejército
Libertador, labor que desempeñó en difíciles condiciones de campaña.
En 1869 fue designado secretario de interior del primer gobierno
de la república en Armas, donde también ocupó interinamente la
Secretaría de Relaciones Exteriores.
En 1870, por discrepancias en el gobierno, renunció al cargo y se
incorporó a la Cámara de Representantes como diputado por Camagüey.
Varios fueron los aportes a la causa independentista, entre ellos
la elaboración del cuaderno titulado Memorándum sobre el Arte de
la Guerra, el cual contiene una compilación de obras sobre el
arte militar de la época.
Su inquieta personalidad se multiplicó no solo en la medicina,
también en la música, siendo autor de los toques de corneta Diana
mambisa y A degüello.
Según consta en el escalafón del Ejército Rebelde, el 10 de enero
de 1872 fue ascendido a coronel, grado que casi no disfrutó porque
el 8 de marzo de ese año, recibió una herida de bala en el pecho que
le causó la muerte instantánea. Había nacido el 13 de octubre de
1841, en la villa de Santa María del Puerto del Príncipe, hoy
Camagüey.
La manigua redentora había conocido del heroísmo de Eduardo
Agramonte quien escribió una página de leyenda en el devenir de la
juventud principeña que ansiaba ver libre del oprobio a Cuba.