BAYAMO.—
La conversación con Edilberto Marisí Rodríguez fue casi por
casualidad, muy rápida; pero singular por directa, llana y
aleccionadora.
A sus 21 años —los dos últimos como adiestrado en la Empresa de
Logística Agropecuaria 26 de Julio, de Granma— todavía no era autor
de alguna hazaña innovadora, ni acumulaba méritos por
superproducción; pero la franqueza con la cual confesó sentirse
enamorado de su oficio, la seguridad al definir sus preferencias, y
la invitación al trabajo que le hiciera a los contemporáneos suyos,
le dio un valor significativo al "intercambio".
Este diario lo encontró pegado al torno, dándole terminación a
cada una de las anillas para bueyes que desbordaban un gran envase
metálico.
Hasta parecía aburrida la repetición de la misma maniobra, pero
al inquirirle si lo consideraba así, respondió categórico antes de
terminarle la pregunta: "no", y enseguida soltó los argumentos que
en un minuto comprimieron casi una historia de vida.
"Me encanta lo que hago porque es mi especialidad, y desde
chiquito me enamoré de la mecánica viendo a mi papá trabajar. Aunque
él no es tornero, sino electricista, siempre hacía algo de mecánica,
arreglando carros en la casa o en el trabajo, y yo siempre estaba
cerca mirando, y luego ayudando.
"Por eso nadie me obligó a estudiar en la Escuela Técnica General
Luis Ángel Milanés, de Bayamo. Allí empecé Mecánica Agrícola, pero
no me gustó y pasé para la Industrial. Al graduarme vine para la 26
de Julio y hace más de dos años estoy aquí, haciendo cosas como
estas; pero nunca me aburrí, porque esto es lo mío, ¿entiende?
"Además, no es lo único que hago. Estoy en tornería la mayor
parte del tiempo, pero puedo hacer otras funciones y rotar por
varias posiciones del taller: molino, pailería, mantenimiento... De
todas maneras, aunque parece aburrido y simple, hacer anillas es muy
importante para la agricultura.
"Mire, lo voy a decir sin pena: soy del campo y trabajar la
tierra no me agradó; pero fabricando insumos para la agricultura,
aunque sea en un taller a la sombra, también me siento útil a la
sociedad".
Tras un respiro para una segunda pregunta, después de la andanada
de buenos argumentos que más bien parecieron regaños por provocarlo;
el muchacho declaró como su última gran alegría el que lo hicieran
plaza fija en su trabajo, y luego respondió con un mensaje singular
dirigido a los jóvenes, sobre la importancia de los oficios... o por
lo menos del suyo.
"Es muy importante que aprendan un oficio, y aunque todos son
interesantes y útiles, si pueden, escojan la mecánica. Después
traten de superarse, para que sean buenos de verdad. El trabajo
siempre es la mejor vía para ser una persona exitosa".