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Empresa de Revisión Técnica Automotor
Desaprobar ya las irregularidades en el
“somatón”
MAYLIN GUERRERO OCAÑA
Los centros de la Empresa de Revisión Técnica Automotor del
Ministerio de Transporte, conocida antes como FICAV (Fondo para la
Inversión, Conservación y Administración de Vías), funcionan desde
mediados de los noventa para verificar un conjunto de normas
técnicas en los equipos automotores de personas naturales y
jurídicas, cuyo cumplimiento minimizan las posibilidades de
accidentes de tránsito.
Aunque
parte del sistema de revisión es automatizado, esto no impide que se
produzcan violaciones en el procedimiento de inspección técnica.
Durante la inspección, que se realiza en el turno asignado
previamente al cliente, los inspectores revisan el vehículo con el
apoyo de equipos especializados, si los tiene la unidad, y enfatizan
en los dos elementos decisores de la seguridad vial: los frenos y la
dirección.
Los parámetros que se miden, aseguró a Granma Dulce María
Ruiz Bigñotte, directora general de la empresa, tienen los niveles
de exigencia necesarios para evitar los percances en la vía, y
"están adecuados al parque vehicular del país, que sabemos se
encuentra muy envejecido, y al estado de las calles, que no es el
mejor".
Al final de la comprobación, los resultados determinados por la
tecnología se plasman de manera automática en una planilla, que el
inspector debe completar basándose en el análisis visual de los
restantes elementos. Si el vehículo aprueba, se le otorga la tarjeta
y el distintivo de la revisión técnica, que debe portar en un lugar
visible; si es descalificado, no puede continuar circulando hasta
que sea aprobado en una nueva inspección.
En caso de que el usuario no esté de acuerdo con los resultados
de la revisión realizada, tiene el derecho de pedir un análisis de
la misma, que estaría a cargo de una comisión integrada por el
director del centro y otros especialistas.
Dos
versiones: un problema
Asistir a las unidades de la Empresa de Revisión Técnica
Automotor (ERTA) constituye un "trago amargo" para numerosos
conductores, según criterios recogidos por Granma en la
capital. Algunos afirmaron que en esas unidades, conocidas
popularmente como "somatón", se originan con frecuencia
irregularidades en el proceso de inspección.
Por los servicios que ofrece la ERTA, los propietarios de
vehículos ligeros deben abonar 31 pesos en moneda nacional, mientras
que para los equipos pesados el importe es de 44 pesos. Sin embargo,
no pocos capitalinos alegaron que, para recibir el certificado de
aprobación, tienen que pagar por encima del costo de la inspección
una "multa" que oscila, según los choferes consultados, entre los 10
y 50 CUC, en dependencia del tipo de vehículo y su estado técnico.
Las "mordidas" son fuertes, señaló un porteador privado de la
ruta La Habana-Alamar y propietario de un vehículo con más de 50
años de explotación. "Cuando pasé la inspección llevé conmigo 40 cuc.
Si no damos ese dinero nos desaprueban y no podemos seguir
circulando, lo que significa dejar de trabajar", acotó.
Mientras, un técnico de transporte de una de las UEB-OBE de la
Empresa Eléctrica de La Habana dijo que para los vehículos de las
entidades estatales "pasar el somatón" era muy difícil, porque por
lo general poseen muchos años de explotación y están afectados por
la carencia de piezas y accesorios necesarios para mantenerlos en
buen estado técnico. "Por eso algunos choferes tratan de hacer
arreglos en la planta, con apoyo de los tramitadores, para aprobar
la revisión".
Joan Manuel Acosta, Rodney Bosque, Michel Amador y Arquímedes
Delgado fueron los inspectores con los que conversó este diario
durante su visita a la entidad capitalina, ubicada en la avenida de
Rancho Boyeros. Sin estar ajenos al estado de opinión de muchos de
los clientes, afirmaron que nunca habían violado el procedimiento de
inspección técnica, ni tenían constancia de que alguien lo hiciera
en la entidad, aunque señalaron que diariamente reciben "ofertas"
por parte de los clientes.
"Estamos conscientes del peligro que significa aprobar un
vehículo con desperfectos técnicos", dijo Michel Amador, jefe de la
nave que inspecciona los equipos pesados.
Válidas, pero ineficientes las acciones de control
Dulce María Ruiz Bigñotte, directora general de la ERTA, señaló
que el centro de revisión técnica automotor de La Habana, ubicado en
la avenida de Rancho Boyeros, es el que históricamente ha presentado
el grueso de las irregularidades.
Adriana Zorzano López, su directora, y los secretarios del
Partido y del Sindicato de la unidad, Orestes Reyes García y Rafael
Abeijón León, respectivamente, reconocieron que el centro no está
exento de las irregularidades y aseguraron que hacen todo lo posible
para evitarlas.
Entre las acciones implementadas mencionaron las charlas con los
clientes, los análisis sistemáticos de los vehículos aprobados, los
desaprobados y los defectos técnicos obtenidos por cada inspector en
reuniones semanales con el personal de línea, en los matutinos con
los trabajadores y en los consejos de dirección; así como la
estrecha vinculación con los cuerpos de inspectores .
El trabajador que se detecte que haya incurrido en ellas, destacó
Ruiz Bigñotte, es separado inmediatamente del puesto de trabajo.
No obstante, —según valoraciones de la Comisión para la Atención
a los Servicios de la Asamblea Nacional del Poder Popular, a partir
de los resultados de las acciones de control de los diputados a
entidades del Transporte durante el segundo semestre del 2011— aún
se "capturan" en la vía porteadores privados y conductores
profesionales que burlan la revisión técnica utilizando mecanismos
como el soborno al personal de línea, a policías y a inspectores del
transporte; piden piezas y accesorios prestados a otros conductores
para pasar el "somatón" y luego de aprobar los devuelven; y otros
que por su sutileza resultan difíciles de probar, pero que continúan
afectando la seguridad vial.
Hechos
que hablan por sí solos
El lamentable accidente de tránsito ocurrido el pasado 11 de
enero en el municipio agramontino de Florida —reflejado en este
diario en la edición del 14 de febrero— entre un camión que cargaba
un contenedor y una guagua llena de pasajeros, adscrita falsamente a
la Empresa de Ómnibus Urbanos de la capital, reveló la fragilidad de
los mecanismos de control y la actitud irresponsable de funcionarios
que no cumplen las normas en los centros de revisión técnica
automotor.
Las investigaciones de las autoridades develaron, entre otras
infracciones, que el camión registrado con un motor marca Pegaso en
la circulación, en realidad poseía uno Fiat; y que el número de la
pegatina del certificado de revisión técnica no se correspondía con
el de los papeles consignados.
Por otra parte, las ilegalidades en torno al remolque empleado
por el camionero enjuician a la unidad de revisión técnica de Sancti
Spíritus, pues fue inscrito con la documentación original de otro
perteneciente a la Empresa de Transporte Automotor del extinto
Ministerio del Azúcar, que fue dado de baja desde el 2006. Además,
su revisión técnica tiene fecha 13 de enero del 2012, dos días
después del accidente.
Según certificaron la Comisión del MITRANS y el peritaje técnico
mecánico del laboratorio de criminalística, el ómnibus tampoco
estaba apto para circular, pues poseía un significativo desgaste del
sistema de dirección que, unido a las adaptaciones realizadas, lo
convirtieron en un peligro potencial en la vía.
Pese a estos serios desperfectos, el vehículo fue aprobado en el
"somatón" en diciembre del 2011. Los inspectores "no detectaron" que
se trataba de una guagua Pegaso en lugar de una Scania como
indicaban las planillas.
Estos falsos dictámenes, más allá de probar la existencia de un
grave problema que afecta a la seguridad vial, confirman sobre todo
la ineficiencia o pasividad en las acciones de control para
desaprobar, de una vez y por todas, las irregularidades en el "somatón".
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