Sindicalistas de la metalúrgica francesa de Florange exigirán hoy
al consorcio ArcelorMittal garantías sobre el empleo de unos cinco
mil obreros, tras versiones contradictorias sobre el futuro de la
planta.
Desde mediados de 2011, la empresa comenzó a cerrar varias
instalaciones con el pretexto de reducir pérdidas tras la caída en
la demanda del acero.
En la actualidad solo están funcionando una laminadora en la que
se producen piezas para automóviles y la planta de coque, un
combustible muy utilizado en la industria del hierro.
Los obreros temen que la estrategia de la dirección de
ArcelorMittal sea el cierre definitivo de Florange, como ya ocurrió
con las filiales de Lieja, Bélgica, y Madrid, España.
La víspera, el presidente Nicolás Sarkozy informó sobre un
compromiso con los propietarios del gigante metalúrgico para
invertir 17 millones de euros en el arranque de uno de los altos
hornos de la fundición.
De acuerdo con el gobernante, el dinero sería liberado de
inmediato y permitiría el reinicio de labores en el segundo semestre
de este año.
Pocas horas después, un comunicado de la dirección de la firma
desmentía un reinicio inminente de operaciones y reiteraba que eso
dependerá de la situación económica y la reactivación del mercado
internacional del acero.
El texto confirmaba un plan de mantenimiento por 17 millones de
euros, pero de ellos 15 son para la laminadora y la planta de coque
y solo dos para los altos hornos, señaló Prensa Latina.
Jean Mangin, de la Confederación General del Trabajo, dijo que ni
el presidente ni el consorcio han dicho nada nuevo sobre la
reactivación de las tareas en Florange.
Para exigir una explicación al respecto, los delegados gremiales
se concentrarán en la sede de ArcelorMittal, en el departamento de
Seine-Saint-Denis, próximo a esta capital.