El hecho se produjo cuando la nave, encargada de la distribución
de la prensa en el lomerío correspondiente a las provincias de
Cienfuegos y Sancti Spíritus, tuvo una falla en los motores mientras
volaba a unos 600 metros de altura y con la tercera parte del
combustible en los depósitos.
"Ahora me dicen San Valentín, porque logré salvar a la
tripulación y aterrizar la avioneta sin mayores daños, justo el 14
de febrero", bromea Rubén Ramírez Sánchez, piloto y capitán, quien
al momento del hecho viajaba acompañado de Yoel González-Carvajal
Alfonso, primer oficial (copiloto), y de Enrique Villegas Alonso,
técnico de vuelo.
Según confesó el piloto, sus 30 años de experiencia en la
aviación le valieron para mantener al resto de la tripulación libre
de pánico durante el lapso que duró su odisea, hacer planear al
avión y luego deslizarse sobre el llamado Valle de Jibacoa, una
llanura salvadora en medio de la abrupta cordillera del centro de
Cuba.
Sin siquiera rasguños en ninguno de los tripulantes ni daños de
consideración en la nave, los propios sobrevivientes se comunicaron
tiempo después con la torre de control en Sancti Spíritus, a la cual
habían informado minutos antes de su emergencia.
Fuentes de la Unidad Empresarial de Base de Sancti Spíritus,
subordinada a la Empresa Nacional de Servicios Aéreos, confirmaron
que en estos momentos se trabaja en la sustitución del motor y en la
preparación de una pista rústica en el lugar de los hechos con
vistas a la recuperación inminente de la nave.