El Uruguay pide más

Después de más de un mes de zafra el ingenio espirituano se mantiene como el más eficiente del país, una condición que parecía imposible para los llamados colosos azucareros

JUAN ANTONIO BORREGO

La eficiencia del central Uruguay de Jatibonico, provincia de Sancti Spíritus pudiera ilustrarse perfectamente a través de cualquiera de los indicadores oficiales que rigen el desempeño de una industria azucarera; sin embargo, su actual director, el ingeniero Sergio Barreto, prefiere hacerlo de una manera mucho más informal: "La cachaza de nosotros tiene tan bajo contenido de azúcar que pudiera decirse que está hecha para diabéticos".

Fotos: Vicente Brito
En lo que va de campaña el central reporta un adelanto del plan técnico económico. El ingenio espirituano estaría en condiciones de moler más caña si la hubiera.

La frase, ante todo, revela el admirable aprovechamiento de la materia prima en la industria espirituana, que dicho en otras palabras equivale a extraer con arte el azúcar de la caña, un secreto que los hombres del Uruguay han aprendido a lo largo de más de una centuria y que les viene asegurando el desempeño más integral del país en la actual zafra.

Después de más de un mes de molida, el ingenio de Jatibonico supera con creces su norma potencial fijada para esta campaña, su plan de rendimiento industrial; sobrecumple la producción de crudo prevista para la etapa; reduce las llamadas "pérdidas en proceso" y logra parámetros de calidad por encima de lo normado.

INGENIERÍA Y MAÑAS

Obtener azúcar de calidad, advierten en el Uruguay, lleva ingeniería de la buena y no pocas habilidades, mucho más cuando se trata de un coloso donde de por sí siempre resulta difícil la organización del trabajo y sobre todo la garantía a tiempo de los recursos imprescindibles para el proceso productivo.

Los cubanos aprendimos desde hace siglos a llamar molienda al complejo proceso que se inicia con la trituración de la caña y la extracción del guarapo, a lo cual sigue la purificación y concentración de los jugos y termina con la cristalización y la centrifugación de las partículas.

"Pero no es igual cocinar arroz en un caldero chiquito que en uno grande", bromea Francisco Rabí, el veterano Cundío, con 91 años de vida y 73 zafras en el ingenio.

Los especialistas reconocen que de poco valen los mantenimientos profundos, las inversiones costosas y la preparación integral de la industria, si no se garantiza a tiempo una materia prima fresca y de calidad en el basculador.

El Uruguay tiene sus cañas, como promedio, a 20 kilómetros de distancia, transporta por ferrocarril el 63 % de las mismas y de manera directa va a la industria el 31 %, índice este último que pudiera ser superior si no se hubieran afrontado contratiempos con el exceso de materias extrañas en algunas de las unidades productoras.

En lo que va de campaña el ingenio reporta muy pocas paradas de consideración y en consecuencia logra un adelanto del plan técnico económico que pudiera acortar notablemente su tiempo de zafra.

Con la quema de su propia producción de bagazo, el central no solo se autoabastece de energía eléctrica, sino que se convierte en un gran generador para el Sistema Electroenergético Nacional, al que según Lázaro Pérez, operador jefe de brigada, tributa como promedio entre 70 y 80 megawatts al día.

A LA ESPERA DEL SURCO

Las 19 unidades productoras que tributan caña al Uruguay —cinco de Majagua, en la vecina provincia de Ciego de Ávila, una de Taguasco y el resto de Jatibonico—, mantienen al coloso, como dicen los azucareros, con la boca abierta.

Sergio Barreto asegura que el central se encuentra hoy solo al 65 % de su potencial industrial para una hipotética zafra de 120 días, situación que pudiera cambiar paulatinamente cuando sean realidad los incrementos cañeros pronosticados.

Para Elvis González, director de la UEB Atención a Productores Agropecuarios, las plantaciones que ahora se cosechan deben aportar un crecimiento de alrededor del 18 % para este año y 19 para el próximo.

"Hoy tenemos cubiertas 23 600 hectáreas y con la política de acercamiento a la industria vamos a incorporar unas 2 800 en áreas de nuestro patrimonio y 3 500 en otras tierras", asegura el director de la UEB.

Según su parecer, la aspiración de incrementar rendimientos agrícolas en el Uruguay choca con dos realidades incuestionables: la mala calidad de una parte no despreciable de los suelos y la falta de riego, beneficio que ahora solo reciben con garantía 98 hectáreas.

De tal suerte hoy se estiman 35,2 toneladas de caña por hectárea y para el año próximo 40,4, rendimiento que a todas luces todavía no bastará para cerrarle la boca al central Uruguay.

MITOS DE COLOSO

"El ingenio ya es algo más que una simple hacienda¼ es todo un organismo social, tan vivo y complejo como una ciudad o municipio o un castillo baronial", escribió hace muchos años don Fernando Ortiz en su imprescindible Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar.

Aunque seguramente el sabio no lo afirmó pensando en el Uruguay, su definición parece hecha a la medida del ingenio de Jatibonico, una industria nacida a inicios del pasado siglo, cuando la sed de las compañías norteamericanas arrasó los bosques de la comarca y los cañaverales llegaron casi hasta las puertas del pueblo recién fundado.

El ingenio comenzó a crecer enseguida, ya en 1918 se reporta una primera inversión para ampliar la capacidad, en 1969 interrumpe por única vez la molida a propósito de un proceso de ampliación.

En el periodo 1987-1992 logra cinco zafras consecutivas con producciones superiores a las 200 mil toneladas de azúcar, incluida la de 1990-1991 (235 012 toneladas), el mayor aporte de un central cubano en todos los tiempos.

El proceso de redimensionamiento de la industria azucarera cubana, emprendido tiempo después, implicó una severa contracción para la industria que, no obstante ha logrado en la presente zafra producciones superiores a las mil toneladas en más de una jornada.

 

 

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