Más de cuarenta mil toneladas de sedimento cayeron en las aguas
del río San Juan por la ejecución de una carretera aledaña en suelo
de Costa Rica, denuncia el Fiscal General de Nicaragua, Julio
Centeno Gómez.
En un artículo que publica este viernes el rotativo El Nuevo
Diario el jurista advierte que esto es el daño actual, el futuro "se
anuncia aterrador", reporta Prensa Latina.
El perjuicio calculable recaerá sobre las aguas del río que le
llegan del mar dulce de Nicaragua, la sedimentación en el delta y en
la desembocadura por los desperdicios y los sedimentos que le
tributarán casi ciento cincuenta kilómetros de tierra arrasada,
señala el magistrado.
Pero hay una situación imprevisible que puede ser muy dramática a
los vecinos del sur (Costa Rica): La posibilidad de que en cualquier
día futuro la altura del caudal de agua crezca por acontecimientos
inesperados, sobre todo en una región de pluvioselva expuesta a
huracanes y tormentas tropicales.
Allí el río en su crecida inunda riveras y llanos, a veces por
más de un kilómetro, por lo que la flamante carretera de los vecinos
del sur quedaría sumergida posiblemente por mucho tiempo, tal vez
años, en las aguas del torrente fluvial, asegura el fiscal a partir
del examen de documentos históricos.
"En verdad el majestuoso río San Juan, orgullo de Nicaragua, con
la mencionada carretera, quedará marcado con cicatriz visible y
permanente", lamenta el entendido.
Esa herida también afectará el medio ambiente de la región y del
mundo, y al derecho comunitario regional y universal que protege el
derecho de la humanidad a disfrutar de los dones de la naturaleza en
un ambiente limpio y saludable, sostiene el jurista.
A juicio del fiscal, la obra constituye una provocación
insensata; de otra manera, dice, no se podría calificar a la
precipitada construcción de la carretera paralela, a veces contigua
al majestuoso y solemne Río San Juan, orgullo histórico y geográfico
de Nicaragua.
En doscientos kilómetros de recorrido, desde el nacimiento en el
mar dulce de Nicaragua, hasta su puerto final en el mar Caribe, el
río atraviesa la región más selvática y esplendorosa de
Centroamérica, devastada hoy en su margen derecha, recuerda el
analista.
La zona incluye las grandes reservas de Bartola y del Indio Maíz,
que se levantan imponentes y majestuosas en su vegetación en tierras
de Nicaragua, como testimonio permanente de la fecundidad y el
verdor contra la depredación y el vandalismo, estima el experto,
quien recientemente visitó el lugar.
Nos dolió el alma al contemplar el despale inmisericorde de la
vegetación; la remoción de la madre tierra por la cuchilla de los
tractores y volcada en parte sobre las aguas del río; los cerros de
material selecto levantado sobre la rivera y desparramados sobres
las aguas por los torrenciales aguaceros incesantes en esa zona,
cuenta el abogado.