Según los datos recogidos por Amnistía Internacional (AI), al
menos 500 personas han fallecido en Estados Unidos desde el 2001
tras recibir descargas de armas taser durante su detención o
mientras estaban en prisión.
Johnnie Kamahi Warren se convirtió el lunes en la víctima mortal
más reciente después de que un policía en Dothan (Alabama) usara un
arma de este tipo contra él al menos dos veces. Según los informes,
Warren, de 43 años, que iba desarmado y presuntamente en estado de
embriaguez, dejó de respirar poco después de recibir las descargas y
fue declarado muerto en el hospital menos de dos horas después.
En la actualidad, las fuerzas policiales permiten el uso
generalizado de taser y armas incapacitantes similares —conocidas
también como dispositivos de energía conducida— a menudo en
situaciones que no justifican un grado tan elevado de fuerza,
informa Notimex.
Los organismos de orden público estadounidenses defienden el uso
de las armas taser alegando que salvan vidas y que se pueden usar
para someter a sospechosos peligrosos o que se niegan a cooperar.