Desde mediados de los noventa, al resultar premiado en el fuerte
torneo de Mendoza, Argentina y luego en la 28 Olimpiada
Internacional de Química de Moscú, Rusia, Daniel García Rivera
inició una carrera de lauros, que gracias a su dedicación y amor por
las ciencias químicas, a sus 33 años le ha permitido comandar, con
resultados satisfactorios, a un grupo de jóvenes investigadores en
los predios del Centro de Estudios de Productos Naturales,
perteneciente a la Universidad de La Habana (UH).
Enamorado de la Química desde su temprana juventud, motivado por
los apasionados maestros del Instituto Preuniversitario Vocacional
de Ciencias Exactas (IPVCE) Ernesto Che Guevara de Villa Clara,
Daniel afirma sentirse un científico nato: "No puedo irme a casa sin
pasar otra vez por el laboratorio. Yo quiero dedicarle mi vida a la
ciencia cubana".
Reconocidos han sido su talento y entrega en múltiples ocasiones.
Mereció el Premio de la Academia de Ciencias de Cuba y el de mejor
investigador de la UH por sus resultados en el 2008, y
recientemente, al cierre del 2011, Año Internacional de la Química,
recibió el Premio nacional al Joven más destacado en esa materia.
Este importante lauro que otorga la Sociedad Cubana de Química,
Bioquímica e Ingeniería Química, le fue atribuido por el desarrollo
de un procedimiento multicomponente que permite obtener el producto
terminado con mayor rapidez y eficiencia, y a menor costo.
Con total sencillez comenta a Granma que este premio es un
reconocimiento a su grupo de 14 investigadores, a sus profesores, a
la Facultad de Química, a los centros de investigación y a la
Universidad, que le dio la posibilidad de formarse y superarse
profesionalmente: "Este premio es para todos", concluyó.
Doctor en Ciencias Químicas, profesor e investigador de la UH y
colaborador del Polo Científico, comenta sobre el trabajo que
realizan: "Nuestro grupo se dedica fundamentalmente a la síntesis
química de productos naturales con actividad antibiótica o
antitumoral, y de aquellos que puedan ser empleados como
estimuladores del crecimiento vegetal, es decir, como
biofertilizantes o agroquímicos, que es la rama donde más éxitos
hemos cosechado en los últimos 20 años. En estos momentos contamos
con una serie de productos comerciales, varias patentes y más de 150
publicaciones".
Sin embargo, apunta, "hoy no funciona la articulación necesaria
entre los resultados académicos y los intereses de nuestras
empresas, que a excepción de los centros del Polo optan y prefieren
en muchos casos los productos foráneos, adquiridos a un precio
elevado en las compañías farmacéuticas internacionales".
En estos momentos nuestra industria adolece, sin dudas, de una
interfaz eficiente que permita que los productos de alto valor
agregado concebidos en los centros de enseñanza sean introducidos a
nivel nacional.
"Así se pierden los 10-15 años de investigación que requiere un
proyecto científico —agrega Daniel— y se desestima la posibilidad de
emplear recursos propios de calidad y disminuir importaciones. De
este modo estamos subestimando el nivel de nuestros profesionales."