Las elecciones del 2012 en Estados Unidos

A Romney lo persigue un fantasma

Ramón Sánchez-Parodi Montoto (*)

Las elecciones primarias celebradas el pasado 31 de enero en la Florida recibieron mucha atención de los medios de prensa. Gran parte de esa atención se debió a los cuantiosos gastos en propaganda por parte de los equipos de campaña electoral de los principales contrincantes, Romney y Gingrich, y los Super Pacs que los apoyan destinados, en primer lugar, a lanzar incesantes ataques contra el rival y, en segundo lugar, a defender su imagen y presentar las supuestas virtudes propias. En este enfrentamiento Romney ganó por 5 a 1. Se estima que gastó unos 15,4 millones de dólares frente a unos magros 3,4 millones de dólares de Gingrich.

De izquierda a derecha Rick Santorum, Mitt Romney, Ron Paul y Newt Gingrich.

De todos los comicios celebrados en esta campaña, si se mide por el por ciento de votos obtenidos, Romney obtuvo en la Florida la más contundente victoria, al recibir el 46,4 % del total de los sufragios. Pero este resultado no ha sido suficiente para garantizarle la nominación presidencial republicana, ni quitarse el San Benito que ha llevado durante sus aspiraciones al más alto cargo electivo de los Estados Unidos, de no ser un conservador confiable. Lo peor para Romney es que esta opinión es compartida por la mayoría de las bases conservadoras de su partido, especialmente aquellos que al votar ponen como asunto principal los aspectos fiscales y sociales, o los criterios evangélicos fundamentalistas blancos o las demandas del movimiento Tea Party.

Según las encuestas de opinión a la salida de las urnas en la Florida, menos de la tercera parte (30 %) de los archiconservadores votaron por Romney, mientras que el 41 % lo hizo por Gingrich, el 22 % por Santorum y el 6 % por Paul. Romney obtuvo el 52 % y el 59 %, respectivamente, de aquellos que se consideran algo conservadores y moderados-liberales. Y de los que consideran decisivo a la hora de votar por un candidato que sea verdaderamente conservador, solamente el 11 % eligió a Romney, en tanto el 44 % favoreció a Gingrich y el 22 % a Santorum. Para no abrumar al lector con muchas cifras y nombres, baste señalar que es muy difícil que un político republicano pueda ser nominado como candidato presidencial, a no ser que no haya otro remedio y mucho menos ser electo como presidente, si esta proporción no se modifica sustancialmente.

La apabullante derrota sufrida por Gingrich en la Florida paró el ímpetu que su aspiración presidencial tomó diez días atrás, al ganar las primarias de South Carolina, pero no lo hizo desistir de la campaña electoral, como Romney hubiera preferido que sucediera. Tanto Gingrich, como los otros dos republicanos que aún se mantienen en la lucha (el exsenador por Pennsylvania Rick Santorum y el representante por Texas Ron Paul) han decidido mantener sus aspiraciones. Sin embargo, salvo Romney, ninguno de ellos tiene el respaldo financiero o la organización de campaña necesarias para siquiera acercarse a la posibilidad de llegar a obtener los 1 144 necesarios del total de 2 174 delgados a la Convención Nacional Republicana que en agosto próximo nominarán al candidato presidencial de ese colectivo.

Seguimos presenciando el resultado de la reacción adversa en la población norteamericana ante el desempeño de los principales partidos políticos frente a la crisis económica y social que afecta a la nación. Amplios sectores del país quieren escuchar de los líderes de los partidos una solución a los acuciantes problemas que sufren día a día: desempleo y subempleo; disminución de los ingresos de los trabajadores y de los medianos, pequeños y microempresarios; pérdida de las viviendas y de los fondos de ahorro; preocupación por la posibilidad de que se reduzcan o eliminen los fondos destinados a la seguridad social; carestía de la educación y de la atención médica que cada vez las colocan más fuera de su alcance.

Esa situación golpea por igual a demócratas, republicanos e independientes; a conservadores, moderados o liberales; a creyentes como a no creyentes; a blancos, negros, hispanos, asiáticos o indios. Cada cual reacciona según sus inclinaciones políticas o convicciones, pero es palpable y medible el desencanto y descontento de la población con las autoridades gubernamentales a todos los niveles, con los legisladores federales y con los líderes políticos, quienes reiteradamente dan muestras de preocuparse más por defender los intereses de los grandes bancos y las corporaciones, a los cuales se destinan millonarios programas de rescate, mientras que los verdaderos necesitados solamente reciben migajas para sobrevivir o palos de la policía cuando se atreven a protestar, aunque sea de manera pacífica. No quiere esto decir que la mayoría de la población en Estados Unidos esté hambrienta en las calles, pero está demostrado que la pobreza, la miseria y el desamparo de la población más vulnerable crece y la mayoría de la población, el 99 %, está consciente de la situación y crece también el nivel de la protesta.

Gingrich, Santorum y Paul, cada cual por razones distintas, han anunciado la decisión de continuar disputando a Romney la nominación presidencial republicana. Los favorece el diseño que para este ciclo electoral ha hecho el Partrido Republicano en la asignación de candidatos que ahora, en general, se hace según la proporción de la votación que cada candidato obtenga en las primarias, y no bajo el principio de que el ganador de la primaria gana todos los delegados del estado como era hasta el 2008. De esta manera, se calcula que solamente hasta principios de abril un candidato puede tener la posibilidad de contar con los 1 144 delegados necesarios para asegurar la nominación. Por el momento, solamente se estima que han sido decididos 112 delegados, de los cuales 71 son de Romney, 23 de Gingrich, 13 de Santorum, 3 de Paul y 2 de Huntsman. Hasta el 6 de marzo, el "Super martes", se adjudicarán 601 delegados en los 18 estados en que habrá primarias o caucuses, de los cuales 371 corresponden a los 11 estados que simultáneamente tendrán comicios ese mismo 6 de marzo.

Matemáticamente, de acuerdo a la fórmula diseñada por el Partido Republicano, hay posibilidades de que la disputa interrepublicana se prolongue por varios meses más, pero la elite republicana hará todo lo que está a su alcance, ejercerá las presiones necesarias y torcerá los brazos correspondientes, para despejar el camino para la nominación de Romney lo más temprano posible, y poder concentrar los esfuerzos en confrontar a Barack Obama. El mayor obstáculo puede ser la obstinación de Gingrich, pero su organización de campaña electoral es casi inexistente y su respaldo financiero parece contar solamente con un apoyo, el del magnate de casinos de juego de Las Vegas, Sheldon Adelson, con una fortuna estimada en 22 mil millones de dólares, quien ha aportado al menos 10 millones de dólares al Super Pac Winning Our Future, que fueron empleados, sobre todo, para apoyar a Gingrich en las primarias de Iowa y New Hampshire. Adelson es un viejo amigo de Gingrich; es un fervoroso sionista; uno de los mayores contribuyentes al American Israel Political Affairs Committee, la principal organización de cabildeo pro-Israel en Estados Unidos; y aliado del Primer Ministro Benjamin Netanyahu.

Necesariamente las próximas semanas irán aclarando el panorama según se vayan efectuando las primarias en los siguientes estados. Durante febrero y hasta el 3 de marzo tendrán lugar en Maine, Nevada, Colorado, Minnesota, Arizona, Michigan y Washington. Son estados con características diversas y situados en distintas regiones del país. La única incógnita restante para definir la suerte de Romney es saber hasta cuándo puede resistir Gingrich la presión del "establishment" republicano para que abandone la campaña. El resto es observar lo que sucede con el fantasma de la desconfianza que desde las bases conservadoras persigue a Mitt Romney.

(*) Fue jefe de la Sección de Intereses de Cuba en Washington 1977-1989 y viceministro de Relaciones Exteriores.

 

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