De todos los comicios celebrados en esta campaña, si se mide por
el por ciento de votos obtenidos, Romney obtuvo en la Florida la más
contundente victoria, al recibir el 46,4 % del total de los
sufragios. Pero este resultado no ha sido suficiente para
garantizarle la nominación presidencial republicana, ni quitarse el
San Benito que ha llevado durante sus aspiraciones al más alto cargo
electivo de los Estados Unidos, de no ser un conservador confiable.
Lo peor para Romney es que esta opinión es compartida por la mayoría
de las bases conservadoras de su partido, especialmente aquellos que
al votar ponen como asunto principal los aspectos fiscales y
sociales, o los criterios evangélicos fundamentalistas blancos o las
demandas del movimiento Tea Party.
Según las encuestas de opinión a la salida de las urnas en la
Florida, menos de la tercera parte (30 %) de los archiconservadores
votaron por Romney, mientras que el 41 % lo hizo por Gingrich, el 22
% por Santorum y el 6 % por Paul. Romney obtuvo el 52 % y el 59 %,
respectivamente, de aquellos que se consideran algo conservadores y
moderados-liberales. Y de los que consideran decisivo a la hora de
votar por un candidato que sea verdaderamente conservador, solamente
el 11 % eligió a Romney, en tanto el 44 % favoreció a Gingrich y el
22 % a Santorum. Para no abrumar al lector con muchas cifras y
nombres, baste señalar que es muy difícil que un político
republicano pueda ser nominado como candidato presidencial, a no ser
que no haya otro remedio y mucho menos ser electo como presidente,
si esta proporción no se modifica sustancialmente.
La apabullante derrota sufrida por Gingrich en la Florida paró el
ímpetu que su aspiración presidencial tomó diez días atrás, al ganar
las primarias de South Carolina, pero no lo hizo desistir de la
campaña electoral, como Romney hubiera preferido que sucediera.
Tanto Gingrich, como los otros dos republicanos que aún se mantienen
en la lucha (el exsenador por Pennsylvania Rick Santorum y el
representante por Texas Ron Paul) han decidido mantener sus
aspiraciones. Sin embargo, salvo Romney, ninguno de ellos tiene el
respaldo financiero o la organización de campaña necesarias para
siquiera acercarse a la posibilidad de llegar a obtener los 1 144
necesarios del total de 2 174 delgados a la Convención Nacional
Republicana que en agosto próximo nominarán al candidato
presidencial de ese colectivo.
Seguimos presenciando el resultado de la reacción adversa en la
población norteamericana ante el desempeño de los principales
partidos políticos frente a la crisis económica y social que afecta
a la nación. Amplios sectores del país quieren escuchar de los
líderes de los partidos una solución a los acuciantes problemas que
sufren día a día: desempleo y subempleo; disminución de los ingresos
de los trabajadores y de los medianos, pequeños y microempresarios;
pérdida de las viviendas y de los fondos de ahorro; preocupación por
la posibilidad de que se reduzcan o eliminen los fondos destinados a
la seguridad social; carestía de la educación y de la atención
médica que cada vez las colocan más fuera de su alcance.
Esa situación golpea por igual a demócratas, republicanos e
independientes; a conservadores, moderados o liberales; a creyentes
como a no creyentes; a blancos, negros, hispanos, asiáticos o
indios. Cada cual reacciona según sus inclinaciones políticas o
convicciones, pero es palpable y medible el desencanto y descontento
de la población con las autoridades gubernamentales a todos los
niveles, con los legisladores federales y con los líderes políticos,
quienes reiteradamente dan muestras de preocuparse más por defender
los intereses de los grandes bancos y las corporaciones, a los
cuales se destinan millonarios programas de rescate, mientras que
los verdaderos necesitados solamente reciben migajas para sobrevivir
o palos de la policía cuando se atreven a protestar, aunque sea de
manera pacífica. No quiere esto decir que la mayoría de la población
en Estados Unidos esté hambrienta en las calles, pero está
demostrado que la pobreza, la miseria y el desamparo de la población
más vulnerable crece y la mayoría de la población, el 99 %, está
consciente de la situación y crece también el nivel de la protesta.
Gingrich, Santorum y Paul, cada cual por razones distintas, han
anunciado la decisión de continuar disputando a Romney la nominación
presidencial republicana. Los favorece el diseño que para este ciclo
electoral ha hecho el Partrido Republicano en la asignación de
candidatos que ahora, en general, se hace según la proporción de la
votación que cada candidato obtenga en las primarias, y no bajo el
principio de que el ganador de la primaria gana todos los delegados
del estado como era hasta el 2008. De esta manera, se calcula que
solamente hasta principios de abril un candidato puede tener la
posibilidad de contar con los 1 144 delegados necesarios para
asegurar la nominación. Por el momento, solamente se estima que han
sido decididos 112 delegados, de los cuales 71 son de Romney, 23 de
Gingrich, 13 de Santorum, 3 de Paul y 2 de Huntsman. Hasta el 6 de
marzo, el "Super martes", se adjudicarán 601 delegados en los 18
estados en que habrá primarias o caucuses, de los cuales 371
corresponden a los 11 estados que simultáneamente tendrán comicios
ese mismo 6 de marzo.
Matemáticamente, de acuerdo a la fórmula diseñada por el Partido
Republicano, hay posibilidades de que la disputa interrepublicana se
prolongue por varios meses más, pero la elite republicana hará todo
lo que está a su alcance, ejercerá las presiones necesarias y
torcerá los brazos correspondientes, para despejar el camino para la
nominación de Romney lo más temprano posible, y poder concentrar los
esfuerzos en confrontar a Barack Obama. El mayor obstáculo puede ser
la obstinación de Gingrich, pero su organización de campaña
electoral es casi inexistente y su respaldo financiero parece contar
solamente con un apoyo, el del magnate de casinos de juego de Las
Vegas, Sheldon Adelson, con una fortuna estimada en 22 mil millones
de dólares, quien ha aportado al menos 10 millones de dólares al
Super Pac Winning Our Future, que fueron empleados, sobre todo, para
apoyar a Gingrich en las primarias de Iowa y New Hampshire. Adelson
es un viejo amigo de Gingrich; es un fervoroso sionista; uno de los
mayores contribuyentes al American Israel Political Affairs
Committee, la principal organización de cabildeo pro-Israel en
Estados Unidos; y aliado del Primer Ministro Benjamin Netanyahu.
Necesariamente las próximas semanas irán aclarando el panorama
según se vayan efectuando las primarias en los siguientes estados.
Durante febrero y hasta el 3 de marzo tendrán lugar en Maine,
Nevada, Colorado, Minnesota, Arizona, Michigan y Washington. Son
estados con características diversas y situados en distintas
regiones del país. La única incógnita restante para definir la
suerte de Romney es saber hasta cuándo puede resistir Gingrich la
presión del "establishment" republicano para que abandone la
campaña. El resto es observar lo que sucede con el fantasma de la
desconfianza que desde las bases conservadoras persigue a Mitt
Romney.