Minimizando el colonialismo en el Caribe, Asia, África y Medio
Oriente, los cipayos leen la historia de Inglaterra como dechado de
civilización versus barbarie, cuando no ha sido más que fábrica de
historiadores sicofantes y pensadores que abominan "¼
todo lo que no es inglés y pensando que los demás pueblos solo
pueden ser felices si adquieren sus instituciones, las costumbres,
las maneras que a ellos los hacen felices¼
" (Eça de Queirós, 1882).
Luego de la derrota militar en las islas Malvinas (1982), el
historiador Jorge Abelardo Ramos recordó las palabras burlonas de
Margaret Thatcher al decir que "¼ habría
sido la lucha de la ‘democracia inglesa’ contra la ‘dictadura
argentina’". Lo irónico, concluye Ramos, no radicaba tanto en la
proverbial hipocresía británica, sino en la de ciertos intelectuales
y políticos que, a raíz del infausto desenlace bélico, descubrieron
el terrorismo de Estado que venían solapando desde 1976, y mucho más
letal que el patético gobierno constitucional de Isabel Perón.
Hace unos días, ajustado a esa política de difamación y
arrogancia imperial, el premier David Cameron se pasó de tragos.
Frente a la solidaria decisión de los países del Mercosur de no
permitir que buques con bandera de las llamadas Falklands atraquen
en puertos de la subregión, sostuvo que el reclamo argentino sobre
el archipiélago del Atlántico Sur era "mucho más que ‘colonialismo’
(sic), porque esa gente —los kelpers, habitantes de las Malvinas—
quiere seguir siendo británica¼ ".
Cameron se sirvió otro trago y, a continuación, leer para creer:
¡invocó el derecho de los pueblos a la autodeterminación! Deferencia
que Su Majestad le negó al pueblo de Hong Kong, cuando la excolonia
británica pasó, finalmente, a manos de China popular (1997).
El vicepresidente argentino, Amado Boudou, calificó las
declaraciones del inglés como "un exabrupto torpe e ignorante de la
realidad histórica¼ la Argentina nació en
su pelea contra el colonialismo". Por su lado, el canciller Héctor
Timerman, de gira por los países de América Central, observó en
entrevista con el diario Página 12 de Buenos Aires: "Llama la
atención que Gran Bretaña hable de ‘colonialismo’ cuando es un país
sinónimo de colonialismo".
Dick Sawle, uno de los miembros de la Asamblea Legislativa de las
Malvinas (3 000 habitantes), aseguró que "el Reino Unido ahora mismo
no es un país colonialista¼ Es un error
hablar de eventos de hace más de 170 años". Opinión que a más de
unir al Congreso argentino en un solo puño, mereció del dirigente
político Pino Solanas la siguiente aclaración: De los 16 enclaves
coloniales que aún subsisten en el mundo, 11 son del Reino Unido.
Los ingleses sangran por la herida: en 1833 ocuparon las islas y
en 1982 ganaron una batalla. Sin embargo, desde el 2003 la política
exterior independiente y soberana del gobierno de los Kirchner viene
ganando la guerra en el campo de la diplomacia, las negociaciones
que Londres se niega a entablar en el marco del derecho
internacional y las resoluciones del Comité de Descolonización de
Naciones Unidas.
De hecho, Página 12 recuerda que la única estrategia del Foreign
Office ha sido la decisión de apelar al poderío militar y al Consejo
de Seguridad de la ONU, una vez que no prosperara la maniobra para
que la Comunidad Europea reconociera a las islas como territorio
británico de ultramar. Frustración que llevó al general David
Richards a elaborar planes de contingencia, frente a los informes de
Inteligencia recibidos por Cameron, dando cuenta de una eventual
invasión de pescadores para plantar en Malvinas banderas argentinas.
Los tiempos han cambiado. La causa anticolonial de Malvinas ya no
es un asunto meramente argentino. América Latina cierra filas. En
concreto, Chile y Uruguay rechazaron el ingreso de buques con rumbo
a las islas, los países de América Central se han solidarizado con
Argentina, y el canciller Antonio Patriota, haciendo honor a su
nombre, convalidó estas posiciones en el transcurso de una
conferencia de prensa sostenida junto con su homólogo británico,
William Hage.
El Departamento de Estado, inclusive, acaba de reconocer que el
diferendo compete al entendimiento bilateral entre Argentina y Gran
Bretaña. Las únicas posiciones discordantes fueron las de un par de
senadores chilenos (pinochetistas), y la de México.
A pesar de haber suscrito en todos los foros internacionales los
derechos inalienables de Argentina sobre las Malvinas, la
cancillería mexicana no ha dicho una palabra sobre de las bravatas
políticas y maniobras militares de la piratería inglesa en las aguas
del Atlántico Sur. (Tomado de La Jornada)