Nadie
pone en duda que el año 2011 trajo muchas alegrías para el atletismo
cubano: Yarelis Barrios (por segunda ocasión) y Dayron Robles se
apoderaron de la Liga de Diamante, la inserción de Lázaro Borges y
Yarisley Silva en la elite del salto con pértiga, la calidad
confirmada del jabalinista Guillermo Martínez, la martillista Yipsi
Moreno y del triplista Alexis Copello, y como colofón los 18 títulos
continentales en Guadalajara, muchos de ellos con récords incluidos.
Allí, con sólida plusmarca de 47.99, se sacudió de su "pobre"
actuación mundialista de Daegu el camagüeyano de 22 años Omar
Cisneros, quien muy seguro de sí mismo sentenció que la clave para
alcanzar una medalla olímpica en Londres dependerá de si logra
rebajar ese crono y estar entre los 47.40-47.60.
¿Cuándo atacaste la primera valla?
La primera valla con 15 años, pero prácticamente desde que nací
estoy corriendo en Nuevitas, me viene por herencia, pues mi padre,
Omar Cisneros, quien ha sido mi mayor apoyo en el deporte, me inició
a los 11 años. ¿Mis credenciales entonces? Ser el más rápido del
barrio.
¿Luego?
En las categorías escolares corría 400 metros planos, y desde que
era cadete simultaneaba ambos eventos. Ahí me captaron al equipo
nacional en el 2006 y en los Panamericanos de Río de Janeiro’07, con
17 competí en esa distancia y en el relevo 4x400. Desde que me
abrieron las puertas del Estadio Panamericano estoy bajo la tutela
de Ricardo Molina Chiu. Con él he ido perfeccionando mi técnica en
los 400 con vallas y así llegué al Mundial de Berlín’09, donde fui
semifinalista con 49.21 segundos.
¿Te caracterizas por ser técnico o dependes de la potencia
física?
Mi fuerza está en los 200 metros finales, creo que mi condición
de asmático cuando niño me ayudó, técnicamente me califico como un
vallista parejo. Ataco la primera valla con 20-21 pasos, luego salto
con 13 hasta la séptima y de ahí en lo adelante utilizo 14. Eso sí,
aunque he mejorado en lo relacionado con educar mi ritmo de carrera,
aún siento que puedo administrar mejor los esfuerzos y eso se
traducirá en superiores resultados. Ciertas irregularidades en mi
preparación y el desconocimiento de los rivales de la elite me
pasaron factura en el Mundial de Daegu, donde estuve por debajo y
concluí en el puesto 15 como semifinalista, con pobre 50.10.
Llegamos al 2011, año de alegrías, récord y sinsabores¼
Tienes razón, psicológicamente fue una prueba de fuego. El año
comenzó bien, entrenando fuerte con mis perspectivas mundialistas, y
el apoyo de la IAAF —Cisneros posee una beca auspiciada por la
Federación Internacional, atendiendo a sus resultados y juventud.
Así encaré la gira de verano, en la cual tenía proyectadas de tres a
cuatro carreras, pero en Europa nos dijeron que regresáramos, todo
el mes de julio entrené solo, acá en La Habana, contra el cronómetro
y sin conocer a los rivales. El resto lo sabes, en Daegu corrí muy
fuerte los primeros 200 metros en la semifinal y me faltó potencia
en el remate.
Guadalajara, merecido desquite, los rivales y perspectivas¼
En Guadalajara todo fluyó mejor, estuve un mes antes adaptándome
a la altura y en un test previo en el propio estadio TELMEX hice
45.23 en la vuelta al óvalo y 48.63 en los 400 con vallas. Entonces
supe que derribaría el récord nacional de 48.21, aunque bajar de los
48 segundos fue una grata sorpresa. ¿Los rivales? No me asustan, me
siento seguro, he comenzado el entrenamiento con una "resaca"
positiva de Guadalajara. Hay cuatro o cinco corredores muy buenos y
con tiempos parejos, el más estable de ellos es el puertorriqueño
Javier Culson. Además, el sudafricano L. J. Van Zyl y los
estadounidenses Bershawn Jackson y Angelo Taylor, pero ya te digo,
se pueden sumar otros cinco. El nivel en la cúspide es similar. De
todas maneras, ya prendí las turbinas, y no paro hasta una medalla
olímpica. Próximamente iremos a Matanzas a realizar un estudio
biomecánico en función de optimizar mis recursos a la hora de correr
y tengo diseñadas por el Centro IAAF tres bases de entrenamiento
previas a Londres.
¿Y fuera de las pistas?
Disfruto de mi hija Dayanira, de un año y medio, vivo con ella
acá cerca, en Alamar. La música y las películas me relajan y ayudan
a enfocarme¼ y en el entrenamiento vespertino pensar en la sesión de
la mañana siguiente.
Así cruzó la meta este talentoso vallista de 1.82 metros de
estatura y 73 kg de peso, quien además ataca el tercer año de la
Licenciatura en Cultura Física con la misma potencia que las vallas
y con una meta única en su horizonte: el podio olímpico londinense.