"Creo que aún me falta mucha música por hacer, composiciones que
no he abordado y obras emblemáticas de la música coral por encarar",
dijo en señal inequívoca de su perenne inconformidad, luego de
admitir que el lauro que lleva el nombre del insigne músico
representa un altísimo reconocimiento y un compromiso para su vida
futura.
Lo cierto es que se trata de una distinción merecida para este
hombre —se graduó de Dirección Coral en la Escuela Superior de
Música Franz Liszt, Alemania, nación en la que logró el Doctorado en
Música, en la Universidad Martín Luther— que dirige el Coro de
Cámara de Matanzas desde 1986, agrupación que en medio siglo de
quehacer ha montado en su repertorio obras de varios estilos, desde
la polifonía del siglo XVI hasta las más características de la
música coral contemporánea.
Al explicar su relación con el Coro a lo largo de estos años,
admitió que ha sido una gran suerte en su vida. "Este instrumento,
al cual respeto y admiro, me ha permitido crecerme como profesional
y lograr que la voz se convierta en algo tan hermoso y elevado como
es el canto a voces. Agradezco a todas las generaciones de cantores
que han pasado por esta agrupación, reconocida y admirada en Cuba".
¿Proyectos del Coro en el presente año?
"Preparamos una gira nacional. En mayo participaremos en un
Simposio Coral entre Cuba y Estados Unidos y al que asistirán además
siete coros de universidades estadounidenses y otros coros cubanos.
También estaremos en el CorHabana, en junio, y conforme a lo
previsto saldrá nuestro primer CD titulado San Juan murmurante".
A menudo, Méndez revive la tarde de verano que partió de su natal
Jovellanos hacia la capital. "Tenía solo 15 años de edad y fue la
primera vez que canté en un coro al que se consagraba un instructor
de arte de la escuela donde yo estudiaba. Luego opté por una plaza
para estudiar Dirección Coral en la Escuela Nacional de Arte".
Méndez es actualmente profesor de Dirección Coral en el
Conservatorio de Música de Matanzas y del Instituto Superior de Arte
de La Habana, y en medio de su ajetreo profesional no ceja en el
rescate del local, hoy en ruinas, que fue sede del Centro Coral y
donde ha desarrollado la mayor parte de su obra.
¿Es cierto que su primera experiencia coral tuvo que ver con
trabajadores agrícolas?
"Así mismo es. Cursaba el primer año de Dirección Coral en la
Escuela Nacional de Arte. Estaba en el periodo de vacaciones cuando
tocaron a la puerta de mi casa, en Jovellanos, y me pidieron que
preparara la mochila para partir hacia Colón a montar un coro con
tractoristas que debían cantar el primero de septiembre en un acto
nacional que tendría lugar en el Teatro Sauto. Allí conocí a Frank
Fernández, recién graduado del Conservatorio Chaikovsky y también
involucrado en aquella aventura. Fue un lindo episodio de mi vida
que me sirvió de mucho en lo adelante".