Su regreso a Santa Clara tuvo por objetivo el montaje de la obra
Los caminos, junto al colectivo Danza del Alma, que dirige
Ernesto Alejo, la cual registró su estreno mundial la última semana
del pasado enero en el Teatro La Caridad, de esa ciudad.
Como coreógrafo son conocidas sus huellas en el exigente panorama
danzario de la nación norteña con obras como Club Havana,
Cecilia y Guajiro. También ha aportado su arte a
emblemáticos conjuntos y programas de la especialidad en
Norteamérica, entre los que se cuentan The Joffrey Ballet, el New
Jersey Ballet, Luna Negra, la Fundación Alvin Ailey y el Scarsdale
Ballet.
Previo a ese momento el laureado artista, quien tiene en su haber
importantes premios como The Bessie Award, Choo-San Goh Award, y The
Joyce Foundation Award, accedió a esta entrevista para los lectores
de Granma.
—¿El reencuentro con Cuba?
—Ocurrió en diciembre del 2009. Tras casi tres décadas de
ausencia, pues por razones familiares había vivido en Venezuela y
Estados Unidos, me reencontré con este país maravilloso, de tanto
colorido y riqueza cultural, y con lo más valioso que tiene, su
gente, una de las mejores cosas que han sucedido en mi carrera
artística.
—¿Qué aportó el trabajo con Danza Contemporánea?
—Encontrarme con esos bailarines ese año resultó algo
sensacional. Escuchar el sonido de los tambores y las canciones
yoruba, fue como volver a mis orígenes, ver la riqueza que tenemos
en el baile, en la arquitectura, en la música, en fin, un
reencuentro con la cubanía y lo mejor de nuestro folclor. Con esa
compañía, dirigida por Miguel Iglesias, hice Horizontes, que
se explica a partir de la cita de Alfonso Gumudio Dragón que
introduje en el pórtico de la pieza: "Es una pintura mural que
cambia cada día movida por tempestades de color". De esa
colaboración surgió la idea del Windows Project.
—A propósito, ¿cuáles son los objetivos del Proyecto Ventana?
—No es otro que acercar culturalmente a los pueblos de Cuba y
Estados Unidos. La colaboración iniciada con Danza Contemporánea, y
que ahora continúa con Danza del Alma, ha sido fantástica, es como
abrir una ventana al intercambio y al mejoramiento humano. No es
venir a decir hagan esto, sino a preguntar qué tú haces y decir mira
lo que yo hago, y al final aprender el uno del otro. Ese diálogo nos
reporta mucho bien, porque tenemos demasiadas cosas en común.
—¿Por qué Santa Clara?
—Bueno aquí nací, aquí di mis primeros pasos en el mundo de un
arte que me llevó primero a Venezuela, donde llegué a estar con el
Ballet del teatro Teresa Carreño y más tarde, a Nueva York. Soy el
único bailarín de la familia. Recuerdo que tenía ocho años cuando
debuté en el Teatro La Caridad interpretando la obra Pedro y el
Lobo, acompañado al piano por Freyda Anido. Cómo olvidar ese
instante. Además, vine a esta ciudad porque sabía de la calidad
artística de Danza del Alma y de su director Ernesto Alejo, quien me
invitó a compartir con ellos.
—¿El título de la obra que estrenas Los caminos, tiene que
ver con ese pasado?
—La obra tiene mucho que ver conmigo, con el regreso a mis
orígenes. Al concebirla, a mi mente vinieron aquellos instantes en
que mi abuelo me llevaba al campo los domingos, recordaba el aire
fresco de la madrugada, el canto de los animales, el despertar de la
vida, por eso comienza con el sonido de los pájaros y la visión de
un árbol como la ceiba, de mucha energía y enormes raíces capaces de
conducir a diferentes lugares.
—¿Nuevas ideas en mente?
—Vendrán nuevos proyectos, eso te lo aseguro. Me llevo a Cuba en
el corazón y no digo volveré, porque de aquí nunca me he marchado.
El reencuentro con la cultura cubana ha resultado fascinante.