Mientras
los israelíes en Cisjordania y la Franja de Gaza tienen céspedes
verdes y piscinas, los palestinos pasan sed o mueren producto de
enfermedades causadas por la contaminación del agua. Shaddad Attili,
director de la Autoridad de Agua Palestina, dijo a IPS que el
recurso vital está siendo usado como un arma de guerra.
Desde que Israel inició la ocupación se apoderó de todas las
fuentes de abastecimiento en Palestina, incluido el acceso al río
Jordán. El agua es controlada y distribuida por la autoridad
israelí.
Amira Hass, periodista-activista judía que escribe desde
Cisjordania para el diario israelí Haaretz, describe así la
situación en ese territorio:
"Puedes ir a cualquier lado y vas a ver los exuberantes
asentamientos y comunidades israelíes, y vas a ver las áridas y las
secas calles palestinas e incluso aldeas. Puedes ver, a veces dentro
de una distancia de 15 metros, esta diferencia de verde. Las verdes
calles de las comunidades israelíes y las totalmente secas
comunidades palestinas, donde la gente no está conectada a la red de
agua potable y debe comprar el agua de algún suministro cercano,
pagando cinco veces el precio real."
Y aunque en Cisjordania la situación es grave, en Gaza es aún más
crítica, pues aunque hay agua, el 95 % no es potable, de acuerdo con
estándares de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
El derecho internacional estipula que Israel, como potencia
ocupante, es responsable del bienestar de la población de los
territorios palestinos y debe garantizarle el abastecimiento de los
elementos fundamentales para la supervivencia. No obstante, el
gobierno sionista prefiere violar las leyes internacionales. Por
ejemplo, decretó en 1967 la Orden Militar 158, aún vigente, que
estipula que los palestinos no pueden construir instalaciones para
uso del agua sin primero obtener un permiso del ejército israelí, y
que cualquier instalación de agua o de recursos construida sin
autorización sería decomisada.
Para proteger el medio ambiente y los recursos que quedan, la
Autoridad Palestina creó la Autoridad de Calidad del Medio Ambiente
(EQA, por sus siglas en inglés) en 1996. El director de la EQA,
Youssef Kamel Ibrahim, explica que aviones F-16 israelíes
bombardearon áreas vacías y "no sabíamos el motivo hasta que
descubrimos que los misiles utilizados contenían productos químicos
tóxicos que dañan directamente el suelo y la reserva sub-terránea.
Muestras del suelo y biopsias de mártires después de la última
guerra contra Gaza revelaron la presencia de casi 30 minerales
tóxicos, incluido uranio, en cantidades más de 30 veces sobre lo que
es permisible".
En Cisjordania solo hay una planta de tratamiento de aguas
residuales, a la que está conectada el 31 % de la población,
mientras que en Gaza directamente no hay ninguna. Esto provoca,
entre otras cosas, que más de 60 millones de litros de agua residual
sin tratar sean vertidos diariamente al mar Mediterráneo.
La OMS registró en el 2008 niveles peligrosos de bacterias
fecales en un tercio de la costa de Gaza. Dos años después, la
Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina
señaló que diarrea aguda hemorrágica y hepatitis viral son las
principales causas de la morbilidad en este territorio.
Para hacer peor aún la situación, Gaza está obligada, desde los
acuerdos de Oslo de 1993, a bombear el agua acumulada en su capa
freática dentro de sus límites y no fuera de sus fronteras. Unos 1,6
millones de gazatíes tienen una única fuente de agua ubicada en el
extremo meridional del acuífero costero.
Además, debido al bloqueo, la Franja de Gaza carece de los
materiales necesarios para mejorar las infraestructuras de
suministro de agua y saneamiento. Se estima que todos los recursos
naturales de esa zona estarán inutilizables en el 2016. Entonces, la
Franja de Gaza no será apta para la vida humana.
El director de la Autoridad de Agua Palestina, Shaddad Attili,
alertó: "No se equivoquen: no habrá un estado palestino viable sin
que pueda acceder, controlar y administrar suficientes recursos
hídricos para cubrir sus necesidades."
Los expertos y las organizaciones no gubernamentales están de
acuerdo en considerar el agua "un instrumento militar", según la
expresión utilizada por Mark Zeitoun, investigador de la universidad
East Anglia, de Gran Bretaña, especialista en administración
ambiental.
Gaza no tiene ríos. Tampoco lagos. Solo acuíferos subterráneos.
Desde hace décadas el régimen de lluvias se debilita, mientras la
población crece y apenas sobrevive en una catástrofe sanitaria y
ecológica.