|
El Tíbet ayer y hoy
El Gobierno chino invierte cuantiosos recursos en el desarrollo de
esta región autónoma
CLAUDIA FONSECA SOSA
El Tíbet, ubicado en el suroeste de China, es una meseta rodeada
por las cordilleras de mayor altitud en el planeta. Rica en recursos
hídricos, forestales y con una variada fauna, posee exquisitos
paisajes que atraen a miles de turistas cada año.
Lhasa
se erige como una capital urbanizada.
Durante mucho tiempo este territorio ha sido, también, motivo de
manipulaciones mediáticas promovidas por Occidente, que con frases
como "oposición al Gobierno" y "usurpación de poderes" intentan
describir lo que supuestamente sucede allí; aunque la realidad es
otra.
Contrario a lo que "defiende" la mencionada prensa, muchos
registros históricos confirman la existencia del Tíbet como parte
inalienable del territorio chino. La dinastía Ming, que gobernó el
gigante asiático entre los años 1368 y 1644, ejerció la soberanía
estatal en esa zona. También lo hizo la Qing, dinastía sucesora que
rigió hasta 1911.
En el siglo XX, el territorio fue disputado por invasores
mongoles, nepaleses y británicos, atraídos por su cercanía a
antiguas rutas comerciales. Luego, con el fortalecimiento y
expansión de la religión budista, surgió la corriente devota al
Dalai Lama y el Panche-Lama. Los siervos constituían el 80 % de la
población y vivían bajo un régimen de semiesclavitud, que se abolió
con la entrada del Ejército Popular de Liberación chino en 1950 y la
posterior reforma democrática de 1959.
En 1951 la naciente República Popular redactó el Plan para la
Liberación Pacífica del Tíbet, que contemplaba la administración
conjunta del Gobierno central chino con el local, e implementó una
reforma agraria. Diez años más tarde, comenzaron a celebrarse
elecciones generales y, por primera vez, los tibetanos obtuvieron
los más elementales derechos civiles.
Desde entonces la clase feudal —expropiada e inconforme— comenzó
su actividad contrarrevolucionaria. Convirtió monasterios en
almacenes de armas suministradas por la Agencia Central de
Inteligencia (CIA) de Estados Unidos, que en marzo de 1959 respaldó
una rebelión terrateniente. Una vez derrotada la revuelta por el
Ejército chino, el Dalai Lama y sus principales colaboradores del
alto clero y la nobleza huyeron a la India. Desde allí, auxiliados
por gobiernos occidentales, continúan promoviendo acciones de
desestabilización política contra China.
En el 2008 —por ejemplo—, una campaña mediática pagada por
Washington intentó crear un ambiente desfavorable alrededor de los
Juegos Olímpicos que se celebrarían en Beijing. Como en otras
oportunidades, el Gobierno chino logró desmontar tales mentiras.
EL TÍBET HOY
En el Tíbet feudal no había electricidad ni carreteras ni
hospitales, un panorama que experimentó cambios radicales a la
llegada del socialismo: hubo notables progresos en la
infraestructura y en el nivel de vida de la población; que ahora
puede participar en la administración de los asuntos estatales y
locales, conforme a la Constitución.
Del 2006 al 2010, el Gobierno chino invirtió 137 800 millones de
yuanes (20 300 millones de dólares) para impulsar el desarrollo del
Tíbet. El monto financió 188 proyectos clave que abarcaron la
construcción de servicios básicos urbanos, protección medioambiental
y conservación cultural.
Se construyó una autopista que une a Lhasa, la capital, con el
aeropuerto de Gonggar. Se logró que el 80 % de las aldeas tibetanas
se comuniquen por carretera, se proporcionó agua potable a sus 2,76
millones de habitantes y educación gratuita hasta nivel secundario a
cada niño. Mientras, descendió la mortalidad infantil y la esperanza
de vida ascendió.
El financiamiento también ayudó a construir centrales eléctricas
e instalaciones de telecomunicación en aldeas remotas. Y en las
zonas rurales, se erigieron 150 000 casas para agricultores y
pastores, así como 95 hospitales.
No obstante, aunque ha registrado un rápido crecimiento a lo
largo de los años, la meseta tibetana continúa siendo una de las
zonas menos desarrolladas del gigante asiático. Su economía débil la
hace dependiente en gran medida de la inversión del Gobierno
central. Por eso, desde 1994 se implementa un programa de ayuda al
Tíbet, que incentiva a funcionarios y profesionales de todo el país
a trabajar allí.
"Desde que fue lanzado el plan, las provincias, municipios,
departamentos del Gobierno central y las principales empresas
estatales han ofrecido personal, materiales, apoyos financieros y
tecnológicos al Tíbet, lo que ha promovido enormemente el desarrollo
económico, social y cultural de la región", señaló el vicepresidente
Xi Jinping, en un acto con motivo del aniversario 60 de la
liberación pacífica en Lhasa.
Asimismo, destacó el papel del Comité Regional Autónomo del Tíbet
en el Partido Comunista de China, y del gobierno tibetano a la hora
de dirigir a los residentes, en aras de salvaguardar la unidad y la
seguridad nacional y étnica. "El apoyo del Gobierno central debe
estar combinado con la capacidad de de-sarrollo autónomo de la
región para aprovechar su potencial al máximo", indicó Xi.
Según lo previsto en el XII Plan Quinquenal (2011-2015), el
Gobierno central financiará otros 226 importantes proyectos
socioeconómicos, con una inversión superior a los 330 000 millones
de yuanes (46 890 millones de dólares). La suma cubrirá
urbanización, protección ambiental, vivienda, cuidado sanitario,
seguridad social, capacitación vocacional y otras áreas relacionadas
con el bienestar del pueblo tibetano. |