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Maternidad y Paternidad Responsables
Espacio de dos… por completar
A pesar de los ocho años que lleva vigente,
apenas rondaban la centena los hombres acogidos al Decreto-Ley 234,
que les otorga el derecho de obtener una licencia laboral y quedarse
al cuidado de los hijos durante el primer año de vida
LISANDRA FARIÑAS ACOSTA
Nuestro
país ha impulsado numerosas políticas de beneficio a la mujer, en
aras de garantizar su inserción y desarrollo en el espacio público.
La realidad habla por sí misma. Hoy las mujeres cubanas
constituyen el 66 % de la fuerza técnica y profesional de los
niveles medio y superior del país; y son alrededor del 72 % de la
masa laboral en el sector educacional, el 67 % en la salud, el 43 %
en el científico y el 21 % en la industria azucarera.
Además, es notable el aumento de las que ocupan cargos de
dirección en todos los niveles, lo cual demuestra la creciente
inserción de estas en la vida política del país, y en los puestos de
decisión.
De igual forma, ha sido una prioridad del Gobierno y Estado
cubanos —materializada en las políticas y programas del Ministerio
de Salud Pública—, la atención a la mujer embarazada y a todo el
proceso de maternidad en general (embarazo, parto y puerperio), lo
que permite hoy mostrar índices de mortalidad infantil similares a
los de naciones del primer mundo.
En este sentido, y partiendo de la complejidad y responsabilidad
de los roles materno y paterno en el desarrollo funcional de la
familia, también se han puesto en práctica, con la participación
activa de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), programas para
incentivar la responsabilidad compartida de los padres durante y
después de la gestación.
Sin embargo, nuestra sociedad no escapa a la influencia de un
modelo de familia patriarcal que, históricamente, ha colocado a las
madres como las encargadas del cuidado y educación de los hijos, y
relega a los padres el rol de proveedores o sustento económico,
unido al de autoridad o cabeza de familia.
De ahí que, medidas tan revolucionarias como el Decreto-Ley 234
de la Maternidad de la Trabajadora (2003), con su resolución
complementaria número 22/2003 —que otorga iguales derechos a los
padres cubanos para obtener una licencia laboral y quedarse al
cuidado de los hijos durante el primer año de vida—, encuentren aún
prejuicios, estereotipos y resistencias en la sociedad cubana, lo
cual es resultado de la sedimentación de prácticas socioculturales
en su mayoría machistas.
Según estadísticas del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social,
desde el año 2006, hasta septiembre del 2011, apenas 96 padres se
habían acogido al disfrute de la prestación social en todo el país,
para el cuidado de los hijos; cifra insuficiente a juzgar por los
ocho años que lleva vigente el Decreto-Ley. Muchos de estos, además,
lo han hecho como consecuencia de situaciones excepcionales (muerte
o enfermedad de la madre).
Se obvian así, por parte de la pareja, las ventajas de dicha
norma jurídica, que le posibilita tanto a la madre como al padre
sopesar a quién le conviene más continuar trabajando, tanto por
factores profesionales como económicos.
Dignificar
la paternidad
Sin duda, el Decreto-Ley 234, además de brindar protección a la
mujer trabajadora inmersa en el proceso de maternidad, pretende
redimensionar el rol de la figura paterna, pues coloca la
responsabilidad compartida como centro de las relaciones
paterno-filiales.
Según se dice en el artículo 16: "Una vez concluida la licencia
postnatal, así como la etapa de lactancia materna que debe
garantizarse para propiciar el mejor de-sarrollo de niños y niñas,
la madre y el padre pueden decidir cuál de ellos cuidará al hijo o
hija, la forma en que se distribuirán dicha responsabilidad hasta el
primer año de vida y quién devengará la prestación social..."
Explicó a Granma Yadira Castro, especialista en aspectos
jurídicos de la esfera de trabajo comunitario de la FMC, que en la
aprobación de esta ley jugó un papel fundamental la Federación como
organización que tiene iniciativa legislativa para proponer leyes
atemperadas a la realidad en cuanto a la mujer y la familia se
refiere.
"Es la primera legislación que incluye el lenguaje de género, y
donde se establece una equidad entre hombres y mujeres, en el
cuidado y atención de los menores de edad; es un reflejo de la
Convención Internacional sobre la eliminación de todas las formas de
discriminación contra la mujer, de la cual Cuba es signataria",
señaló.
Maritza Rodríguez Lara, funcionaria de la esfera de trabajo
comunitario en los programas de salud de la FMC, opinó que al
priorizar y concebir a la mujer como el centro del proceso de
embarazo, se minimizó la participación del hombre.
"La puesta en vigor de este Decreto-Ley supone un vuelco a esa
realidad, aunque no pueden desconocerse las trabas, fundamentalmente
subjetivas, que enfrenta la nueva legislación, tanto entre los
hombres como en las propias mujeres. Ambos progenitores son en la
sociedad cubana actual reproductores de los modelos de cómo ‘ser
mujer’ u ‘hombre’, aprendidos de generación en generación."
Refiere Rodríguez Lara que "este problema cultural parte de las
mismas concepciones con que se educan a los hijos desde que nacen, y
reproducen patrones y roles dentro de la familia.
"Ha sido una condición histórica que a la mujer, una vez llegue a
su edad reproductiva, se le exija socialmente por la maternidad, sin
respetar que la decisión de tener un hijo es un proyecto de la
pareja. Desde que la niña juega, lo hace con muñecas. Es la que las
carga y juega a alimentarlas; son educadas para ese rol. Sobre esta
base la sociedad constantemente las está midiendo."
El machismo no es, entonces, un comportamiento exclusivo de los
hombres, sino que en su arraigo social tenemos alta responsabilidad
las mujeres. Tales concepciones encuentran su punto clímax ante el
proceso de la maternidad, donde se da por sentado "lo que le toca a
cada miembro de la pareja".
"Las mujeres también tenemos miedo a cargar y atender al bebé, y
aprendemos. También nos agotamos, y pocas veces se nos pregunta. Se
presupone que somos nosotras las que sabemos y nos debemos hacer
cargo de esas tareas", explica Rodríguez Lara.
Asimismo, como reflejo de la presión social a que son sometidas:
"las propias mujeres queremos mantener el poder sobre el momento de
la maternidad, y somos las culpables en ocasiones de que los hombres
no participen realmente del proceso".
Maternidad y Paternidad Conscientes
Desde los primeros años de instituida la Federación de Mujeres
Cubanas (FMC), constituyó una preocupación de la organización la
atención a la mujer embarazada; con especial énfasis en la
incorporación del hombre y la familia a este proceso.
Expone Rodríguez Lara que diferentes estrategias fueron trazadas
para la capacitación de las mujeres, en cuanto a los riesgos
reproductivos antes de la concepción propia del embarazo. En ese
sentido, se trabajó de conjunto con el Ministerio de Salud Pública
en el programa de Maternidad y Paternidad Conscientes, cuyo objetivo
era involucrar al hombre en este proceso.
Otra de las acciones emprendidas —explicó— fue la recuperación de
las consultas de psicoprofilaxis de la embarazada, dentro de la
comunidad, que proporcionan conocimientos a ambos padres sobre la
evolución del embarazo y qué hacer para garantizar un parto más
saludable.
No obstante, apunta Rodríguez Lara, "si bien trabajamos de
conjunto la FMC, el MINSAP y el Centro Nacional de Educación Sexual
en la realización de talleres, y todas las provincias fueron
capacitadas, no puedo decir que este proceso se generalizó".
Otra de las aristas del programa, estaba dirigida al
acompañamiento de la mujer durante el parto, ya fuera por la pareja
u otro familiar, siempre y cuando hayan sido preparados con
anterioridad. Para ello, además de la capacitación, se aprobó una
Resolución del Ministro de Salud Pública, todavía vigente.
Está demostrado —argumentó— que la participación de la pareja en
el parto disminuye el índice de cesárea y la cantidad de maniobras
que hay que hacer con instrumentación, pues se hace más natural.
Todos estos cambios y propuestas, redundaron en la creación del
programa Maternidad y Paternidad Responsables, que mantiene la
esencia del primer programa, e incorpora como elemento esencial la
atención primaria en el sistema de salud, a través del médico y
enfermera de la familia; y el apoyo de la FMC.
"Estas acciones son el antecedente de lo que la Federación ha
estado reclamando y el Decreto-Ley 234 es la materialización de
ello", señaló Rodríguez Lara.
Redimensionar el rol paterno en nuestra sociedad, de modo que el
concepto de ayuda a la mujer durante el proceso del embarazo sea
sustituido por el de compartir responsabilidades, más que necesidad,
es una obligación.
Solo así, tanto la maternidad como la paternidad serán
comprendidas y vividas en toda su plenitud, en un espacio que lejos
de ser excluyente, pertenece a dos. |