Según el último informe de la Agrupación de los Cuerpos de la
Administración de Instituciones Penitenciarias (ACAIP), la tasa de
hacinamiento medio en las penitenciarías era de un 173 % en el 2010,
lo cual quiere decir que, en la práctica, las cárceles funcionan
casi al doble de su capacidad. A esto se suma la carencia de
personal capacitado para la administración de centros penales, que
se ha agravado producto de los recortes del empleo público por parte
del Gobierno ante la crisis económica.
Los problemas en la gestión de las autoridades se revierten en
una deficiente atención sanitaria de los reclusos y violaciones de
sus derechos fundamentales. Así sucede con los presos que padecen
enfermedades psiquiátricas, casi uno de cuatro de acuerdo con datos
del ACAIP. El vicepresidente de la Sociedad Española de Psiquiatría
Legal, Alfredo Calcedo Barba, aseguró en una entrevista al periódico
El Mundo que las circunstancias en las que se encuentran los
afectados por patologías mentales en las cárceles españolas son
lamentables.
El país cuenta únicamente con dos hospitales psiquiátricos
penitenciarios (en Alicante y Sevilla), que siguen "un modelo de
hace 40 o 50 años y se encuentran absolutamente desbordados",
aseguró Calcedo.
Por su parte, el Centro de Documentación contra la Tortura (CDDT)
reportó durante el 2011 el fallecimiento de más de 40 personas
encarceladas. Uno de los casos más notorios fue el del marroquí
Tohuami Hamdaoui, condenado a 14 años de prisión por un cargo de
violación, quien murió luego de cinco meses en huelga de hambre para
exigir la revisión de su sentencia.
Resulta alarmante que cerca del 80 % de los decesos reportados
por la CDDT en estos centros, supuestamente inexpugnables, se deba a
sobredosis. El sitio digital Arborea expone en un artículo: La
indignante situación de las cárceles en España es tal que "el
60% de los presos son drogodependientes, y son los propios
carceleros quienes introducen los estupefacientes allí. De hecho en
la cárcel es mucho más fácil conseguirlos que fuera".
Mucho más difícil resulta llevar constancia de las vejaciones
diarias que sufren los ocupantes de las más de 80 cárceles del país.
El boletín TOKATA, editado de forma colaborativa entre los propios
reclusos, recoge la historia de Rafael Hidalgo, quien denunció ante
el Juzgado de Instrucción Número 3 de Córdoba que sufre palizas dos
o tres veces al día y que los funcionarios de la prisión lo
despiertan cada hora.
La publicación menciona también el escándalo de la prisión Madrid
I (Meco), donde están recluidas más de 650 mujeres. El Ministerio
del Interior destituyó en el 2010 a toda la cúpula directiva, cuando
se conoció que algunos carcelarios abusaron de su poder para
mantener relaciones sexuales con las reclusas.
Asimismo, TOKATA hizo pública la historia de Carlos Emilio Prado
Rodríguez, preso en el Centro Penitenciario Madrid IV, quien luego
de someterse a una operación en el menisco de la rodilla izquierda,
fue obligado a caminar con muletas y no recibió la rehabilitación
correspondiente.
La crítica situación del sistema penitenciario de España es aún
más difícil para los extranjeros, casi el 35 % del total de
reclusos. Los datos oficiales del sindicato de prisiones evidencian
que el "sueño español" de muchos latinoamericanos y africanos ha
terminado en una celda. Seis de cada diez personas encarceladas
entre el año 2000 y el 2010 fueron inmigrantes.
A ellos se suman otros miles de personas retenidas en los Centros
de Internamiento de Extranjeros (CIE), instalaciones reservadas para
los inmigrantes indocumentados que funcionan en un limbo legal.
La muerte del joven de 21 años Idrissa Diallo, el pasado 6 de
enero, en el CIE de Barcelona, destapó un escándalo nacional que
llegó a las altas esferas políticas. Un informe del partido
Izquierda Unida filtrado a la prensa reconoció que en algunos CIE se
retienen hasta 280 personas en celdas para entre seis y ocho
detenidos, las cuales carecen en muchos casos de aseos sanitarios, y
allí pueden permanecer hasta un máximo de dos meses.
Quizás lo más grave de esta historia es cómo las cárceles se han
convertido en un negocio lucrativo para algunas empresas. El Estado
ha destinado cerca de 3 000 millones del dinero de los
contribuyentes para el sistema penitenciario. Según explica César
Manzano, de la asociación de apoyo a las personas presas Salhaketa,
la mayor parte del dinero ha ido a parar a la edificación de
megacárceles, es decir, a empresas privadas que lucran con su
construcción.
Además, España podría incluirse pronto en la lista de países que
cuentan con prisiones privadas, si prospera un acuerdo con la
empresa Ferrovial. Los críticos de esta política consideran que el
interés privado por sacar beneficios de las cárceles compromete su
seguridad.
Resulta muy difícil creer que la "mano invisible del mercado" que
ha llevado al país a una de las mayores crisis de su historia, será
la solución de los problemas ocultos tras las rejas españolas.
Organizaciones civiles y de derechos humanos denuncian las
deplorables condiciones del sistema penitenciario y exigen
soluciones para esta otra España, que no es reflejada en los medios
de comunicación.