En este caso la discordia se centra en las contradicciones entre
los elementos que controlan la maquinaria del Partido Republicano,
que sin declararlo abiertamente actúan a favor de Romney, y las
bases social conservadoras y del Tea Party, que desconfían de los
políticos tradicionales y ponen en duda las convicciones
conservadoras de Romney en asuntos como el aborto, la oposición a
los programas federales de atención a la salud, el matrimonio entre
personas del mismo sexo, y en general las ideas de poner cada vez
más en manos del sector privado la actividad que realiza el poder
estatal y reducir el papel del gobierno en los asuntos de la nación.
Ejemplo de la preferencia del establishment republicano
por Romney fue la maniobra del Partido Republicano de declararlo
vencedor por ínfimo margen del caucus de Iowa, con lo cual
contribuyeron sustancialmente a impulsar la campaña de aquel en New
Hampshire para, después, el día antes de la primaria de South
Carolina, tener que emitir una declaración del Presidente y del
Comité Central del Partido en Iowa oficializando que el ganador real
en el caucus de Iowa había sido Rick Santorum.
Se ha mantenido en las primarias de South Carolina lo señalado en
artículo anterior (Lo que nos dicen Iowa y New Hampshire, Granma,
13 de enero del 2012) acerca del descontento de las bases con la
actuación de los líderes y la incapacidad de los "rebelados" de
presentar un candidato de consenso. Cada uno de los comicios
celebrados hasta el momento (Iowa, New Hampshire y ahora South
Carolina) ha sido ganado por un candidato distinto pero, además, en
el proceso los aspirantes han ido cayendo uno tras otro. En la
boleta para las primarias republicanas de South Carolina estaban
inscritos nueve aspirantes y solo cuatro estuvieron activos. Las más
recientes bajas fueron Michele Bachmann, Jon Huntsman y Rick Perry.
A pesar de tener el estado una población total de solo algo más
de cuatro y medio millones de habitantes y menos de tres millones de
votantes registrados, la primaria de South Carolina atrae cierta
atención porque se le caracteriza como la que "abre" la votación en
los estados del sur de Estados Unidos. Se ufanan los sudcarolinos de
que desde la primera primaria en 1980, el candidato elegido por
ellos ha sido el nominado como candidato presidencial en la
Convención del Partido Republicano. Se produjo una votación record
en la historia de las primarias del estado con cerca de 600 mil
votantes, superando en unos 23 mil votos la del 2000, que había sido
la de más alta votación desde 1980, lo que señala un alto grado de
movilización de las bases (un 35 % más de votos que los del 2008).
Más del 71 % de los que ejercieron el voto se identificaron como
republicanos; el 25 % como independiente y el 4 % como demócratas.
El 91 % de los votantes republicanos del estado se caracterizaron
ellos mismos de moderados a muy conservadores. El 98 % de los que
votaron son blancos (en un estado donde el 27,9 % de la población es
negra).
Con el 100 % de los precintos contados, Gingrich ganó con el 40 %
de los votos, seguido por Mitt Romney (28 %), Rick Santorum (17 %),
Ron Paul (13 %) y Herman Cain (1 %). Las preferencias de los
votantes se mantuvieron estables en los 46 condados del estado y
Gingrich fue triunfador en 43 de ellos; solo perdió ante Romney en
los condados costeros de Beaufort y Charleston y en Richland, donde
está situada la capital, Columbia, lo que muestra la influencia del
respaldo a Romney del establishment republicano y es quizás
el único aspecto favorable que el ex gobernador de Massachussets
puede presentar de los resultados de la votación.
Gingrich ofreció una demostración de fuerza que le permite
continuar la batalla por la nominación e intentar consolidarse como
la alternativa republicana a Romney si consigue una buena votación
en las primarias de Florida el 31 de enero próximo. Fue ayudado por
el hecho de que quedaban solo cuatro aspirantes.
En South Carolina los social conservadores, los evangélicos
fundamentalistas blancos y algunas fuerzas del Tea Party, luego que
Rick Perry retirara su aspiración, lograron articular a última hora
un remedo de frente unido para apoyar a Gingrich, marginando a los
dos restantes aspirantes "antiestablishment": Santorum y Paul.
Los conservadores y fundamentalistas constituyeron, como es
tradición en South Carolina, más de las dos terceras partes de los
votantes y de ellos obtuvo Gingrich prácticamente la absoluta
mayoría de la votación a su favor; 40 % del voto evangélico vs. 20 %
Romney; 50 % de los que afirmaron era importante que el candidato
compartiera sus creencias religiosas vs. 20 % por Romney. Sin
embargo, el 25 % de los votantes que se declararon de filiación
política independiente votaron con menor diferencia: 30 % eligieron
a Gingrich, 25 % a Romney y 25 % a Paul. De paso, Gingrich le
propinó una soberana derrota a la gobernadora Nikki Haley, una
figura de influencia entre los Tea Party, que apoyó fuertemente a
Romney y no pudo lograr que este triunfara en la mayor parte de las
áreas donde concentra su fuerza, lo que es una muestra de la
desarticulación entre los grupos del Tea Party.
Santorum ocupó un distante tercer lugar en la votación; no pudo
ganar ningún condado; y tampoco superó a Romney en la preferencia de
los votantes conservadores sociales o del Tea Party. Resultados que
poco ayudan a su objetivo de usar la primaria de South Carolina como
un trampolín para mejores desempeños en las de Florida y siguientes.
A pesar de haber anunciado la decisión de dar la batalla en Florida
y después en Arizona, sus perspectivas son cada vez más tenues.
Posiblemente Florida diga la última palabra en cuanto a sus
aspiraciones futuras.
En cuanto a Paul, ya ha dejado ver que no piensa gastar sus
escasos recursos en Florida y ha puesto la mira en el más modesto
estado de Nevada, reconociendo indirectamente que abandona de hecho
la puja por la nominación republicana.
Ahora el campo de batalla se traslada a Florida donde se llevará
a cabo la próxima primaria el 31 de enero. La experiencia de South
Carolina no se repetirá en Florida, un estado, aunque también
sureño, con el 70 % más de territorio y cuatro veces más población,
de una demografía política bien distinta, que requiere mayor
organización y mucho más dinero para hacer la campaña.
Fatalmente, habrá un triunfador entre los tres candidatos
restantes: Romney, Gingrich y Santorum, pero lo más que puede
esperarse de este próximo evento es que uno de los tres anuncie su
retiro de la contienda y, las circunstancias indican que, en ese
caso, sería Santorum. Eso nos dejaría no con dos elefantes sino con
dos conejos.