Petra, a sus 70 años, sigue irradiando amor al trabajo

JORGE LUIS MERENCIO CAUTÍN

El nombre de Petronila Neyra Sánchez hace años fue inscrito en la historia laboral cubana, primero como responsable de la brigada milenaria de recogedoras de café Tania la Guerrillera (la más productiva del país) y luego como merecedora del Título Honorífico de Heroína del Trabajo de la República de Cuba.

 Foto del autorPetronila Neyra Sánchez.

A sus 70 años, esta menuda campesina guantanamera (apenas 80 libras de peso y 150 centímetros de estatura) sigue irradiando ejemplo de amor al trabajo, tal y como lo corrobora su desempeño en la presente zafra cafetalera, en la cual ha recolectado más de 400 latas, según reconoce.

—¿No ha pensado Petronila en abandonar los cafetales?

"Recoger café es una tarea dura. Requiere estar horas y horas de pie soportando el peso de la canasta, someterse al azote de la lluvia, los insectos, los resbalones, las caídas en las lomas... Pero hay que cosechar el grano y ello es tarea principal de nosotros, los montañeses. Mientras la salud me lo permita seguiré dando mi aporte."

—¿Ha mejorado la atención a Las Tanias?

"Bastante, después de las críticas públicas del año pasado. En especial hubo una respuesta positiva de la Empresa Municipal Agropecuaria El Salvador y del Sindicato Provincial Agropecuario.

—¿Qué hace el colectivo para recuperar la producción cafetalera?

"Trabaja fuerte en los viveros, en la renovación de las plantaciones viejas y en las atenciones agrotécnicas al cultivo. Por lo que veo aquí, y en otros lugares de la provincia, yo creo que ahora sí se ha encontrado el camino para recuperar el café.

—Ahora que esta tarea económica retoma su auge, ¿qué se requiere para ser un buen recogedor de café?

"Lo primero es la consagración al trabajo, el aprovechamiento de la jornada, la constancia en la recolección y el cuidado de las plantaciones. Después la formación de habilidades."

Durante 23 años Petra (como más se le conoce) dirigió a Las Tanias, colectivo abanderado por Vilma Espín, a principios de la década del ochenta del pasado siglo.

Esta aguerrida mujer complementa su labor como recogedora de café con la atención a los cultivos varios en una parcela familiar, lo cual reafirma su amor por el trabajo.

 

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